La Coctelera

El Vuelo del Cóndor

La pluma es más poderosa que la espada

Categoría: Cocina

4 Octubre 2006

El huevo explosivo

Después del éxito de mi receta para cocinar calamares tóxicos no he podido resistirme a realizar una nueva aportación al arte culinario. En esta ocasión procederé a describir como cocinar un huevo explosivo.

Todo comienza con un huevo sancochado (para el que no esté familiarizado con el término, me refiero a un huevo duro hervido). Supongamos que dejas el huevo aparte mientras cocinas otra cosa y acaba quedando frío. En el momento que lo quieras volver a calentar debes introducirlo en el microondas y dejarlo un minuto en funcionamiento. Vete a dar una vuelta por la casa para hacer tiempo y, cuando oigas un BLAM, es que el proceso ha finalizado satisfactoriamente.

Una vez que recojas todos los pedazos, debes colocarlos en un plato único para poder presentarlo adecuadamente. Si el proceso de explosión del huevo se ha realizado correctamente, éste debe tener un cierto parecido con los huevos de la película Alien.

Una vez recogidos todos los pedazos, tíralos en la bolsa de basura más cercana. A continuación debes proceder a desincrustar y limpiar la lluvia de partículas de huevo de las paredes del microondas para poder comenzar el proceso de nuevo, con otro huevo sancochado, pero esta vez dejándolo menos de un minuto. Mucho menos de un minuto.

Ah, por cierto, me he decidido por fin a crear la categoría Cocina para el blog. Realmente tengo cosas que contar en este campo; tanto buenas como malas.

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8 Agosto 2006

Calamares a la romana: receta para una nube tóxica

Pon unas rodajas de calamar fresco en leche durante media hora o tres cuartos para que se ablanden. Transcurrido este tiempo, pon aceite en un caldero al fuego y tápalo para que conserve el calor. Mientras, vas rebozando los calamares con harina (o algún producto chungo de tipo rebocina) para, luego echarlos en el caldero cuando el aceite esté muy caliente.

Los calamares tardarán apenas un minuto en coger un color negro chamuscado ideal, momento en el que tienes que sacarlos y tirarlos a la basura para empezar a planificar un plan alternativo con el que cocinar el resto de calamares. Ojo, en este punto es importante olvidarte de quitar el caldero del fuego, dejándolo bien tapado.

Cuando estés preparado para usar un método distinto, ya sea una sartén o una freidora, y caigas en la cuenta de que el caldero sigue en el fuego, sólo queda levantar la tapa y disfrutar del espectáculo. Procura no respirar la nube tóxica porque te deja la garganta echa un asco. Lo mejor es abrir la ventana, apartar el caldero del fuego y huir. Ah, y a ser posible llévate también al canario de la cocina, no vaya a ser que la palme.

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2 Julio 2006

Los pequeños peligros de hacer croquetas de atún

Hace un tiempo comenté cómo hacer unas croquetas de atún. Y también comenté que me corté un dedo con la tapa de la lata de atún. Pues bien, mi madre hizo hoy croquetas de atún con la misma receta y se cortó un dedo con la tapa de la lata de atún, exactamente igual que yo.

La moraleja de esta historia es que las tapas de este modelo de lata de atún están muy afiladas cuando las abres y, por tanto, es conveniente tener cuidado con ellas. Quedaría muy feo por mi parte acusar a una empresa de poner a la venta latas asesinas, así que no daré el nombre de la misma. Ahora bien, si deduces el nombre de la foto…

Por cierto, mencionar que a mi madre le quedaron las croquetas bastante mal. ¿El problema? Puso el aceite a un fuego demasiado alto y las croquetas se abrieron, con lo que terminó con una sopa de aceite y atún en el fondo de la sartén, aparte de los géiseres de aceite hirviendo que saltaban de vez en cuando. Recuerda que es importante hacer las croquetas a fuego lento. Es cansado y aburrido (de hecho tardé una hora enterita en freír las croquetas que hice la otra vez) pero el resultado merece la pena.

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18 Junio 2006

Croquetas de atún

Un grupo de excompañeros de carrera de la Facultad de Informática fuimos a comer todos juntos hace cosa de un mes y medio. Normalmente quedamos en casa de uno de nosotros y cada uno lleva algo de comida o bebida. Yo llevé unas croquetas de atún que, modestia aparte, me quedaron de muerte. Pero entonces me convertí en víctima de cachondeo por parte de los demás, con diversos comentarios del tipo:

¿Dónde las compraste?

Ante tan traumática situación, me comprometí a documentar totalmente el proceso de cocinado de las croquetas la siguiente vez que quedáramos para comer. Y ese día es hoy, así que me destraumatizo describiendo cómo hice las croquetas, para lo que conté con la inestimable ayuda de mi hermano Raúl, que fue quien me explicó la receta en un primer momento.

En primer lugar cogemos una cebolla, la pelamos y la troceamos.

Tras trocear la cebolla hay que picarla. Afortunadamente dispongo de una picadora eléctrica que me ahorró mucho trabajo (y lágrimas).

Freímos la cebolla picada en una sartén con un poco de aceite, removiéndola de vez en cuando. Hay que estar atento porque la cebolla tiene tendencia a pasar en un instante de estar poco hecha a estar quemada. Al mismo tiempo vamos calentando leche en un caldero a fuego lento.

Cuando la leche esté suficientemente caliente (ya llevará un breve ratito humeando) añadimos harina y empezamos a mezclar.

El objetivo es conseguir una masa que será la que dé consistencia a las croquetas. Es un proceso bastante intuitivo, por lo que iremos añadiendo más leche o harina en función de cómo vaya quedando y de cuántas croquetas vayamos a hacer. Debemos continuar removiendo al fuego lento hasta que consigamos una masa que quede como en la foto.

Ahora ya tenemos todos los ingredientes para las croquetas: la cebolla picada frita, la masa y el atún. Ponemos todo dentro del caldero y lo removemos bien, algo que resulta un tanto complicado debido a la consistencia de la masa.

Las latas que usé eran bastante grandes y, en la práctica, sólo me hizo falta una. La cantidad de atún depende de la cantidad de masa, ya que si ponemos demasiado atún las croquetas no quedarán consistentes y se abrirán. De nuevo, es algo intuitivo: más vale quedarse corto de atún y añadir más a medida que vamos removiendo que poner demasiado atún, lo que no tendría otra solución que hacer más masa. Finalmente debemos obtener un resultado similar al de la foto.

Y llegamos al punto de incorporar el ingrediente secreto: unas gotas de sangre humana. Estas gotas le dan personalidad a las croquetas e incorporan todas las proteínas y vitaminas necesarias para una dieta equilibrada. Además, algunas culturas supersticiosas piensan que la sangre permite al cocinero controlar parcialmente el destino de los comensales, motivo por el que esta receta suele recibir el nombre de croquetas malditas o de la maldición.

Bueno, ya puedes dejar de contener el aliento. Obviamente estaba de coña. Al abrir la lata de atún me corté el dedo con el filo de la tapa, lo que demuestra lo torpe que soy en la cocina. Pueden estar tranquilos todos aquellos que comieron de las croquetas, ya que no estaba encima de los ingredientes cuando me corté. Tras desinfectar y vendar la herida adecuadamente continué con la elaboración de las croquetas, pero la cosa se había complicado, porque ya sólo podía usar una mano para dar forma a las croquetas.

Para hacer las croquetas propiamente dichas necesitamos un huevo batido y una bandeja larga con pan rallado y perejil.

Para preparar una croqueta tomaremos un trozo de masa del tamaño que queramos que tengan las croquetas. No conviene hacer croquetas demasiado grandes, porque es difícil manipularlas, freírlas (el centro podría quedar crudo) e incluso comérselas.

Al trozo de masa le daremos la forma de una bola con las manos. Dado que sólo podía hacerlo con la mano sana, hice botar y girar la masa en mi mano hasta que tuviera la forma deseada. En realidad esta es una manera tan buena de darle forma a la croqueta como cualquier otra, no creo que por tener las dos manos disponibles hubiera ido más rápido.

Luego empapamos la bola de masa con el huevo batido.

Y finalmente hacemos girar la bola por la bandeja con pan rallado, el cual se pegará a la croqueta gracias al huevo. Debemos hacer girar la croqueta a lo largo de la bandeja e irla aplanando ligeramente para que tome la tradicional forma alargada. Si quedaran redondas sería bastante probable que los comensales las llamen albóndigas (o crocóndigas como decía mi hermano) y se volviera a producir una traumática situación de cachondeo.

Repitiendo este proceso mientras quede masa disponible acabaremos por obtener una buena cantidad de croquetas. Aquí vemos el plato de croquetas junto al reloj del microondas que demuestra que eran las doce y diez de la noche. Encima del microondas puedes ver la edición especial Pepsi de Optimus Prime, sobre la que ya hablaré en otro momento, aunque es de destacar la ironía que suponen las latas de CocaCola Light.

Guardé las croquetas en la nevera toda la noche, lo que ayudó a solidificar un poco más la masa. Ya sólo me quedaba cenar e irme a dormir, aunque antes debía fregar todos los utensilios implicados, a los que se añadía la losa del almuerzo, la merienda y la cena de varios miembros de mi familia que habían pasado totalmente de fregar.

A la mañana siguiente tan sólo se trataba de sacar las croquetas de la nevera y freírlas en suficiente aceite. Es muy recomendable no poner el fuego demasiado alto, aunque se tarde más, ya que las croquetas se oscurecerían por fuera mucho antes de hacerse bien por dentro, aparte de que sería más probable que se abrieran y se estropeara todo el trabajo.

Finalmente, disponemos de un magnífico plato de deliciosas croquetas de atún que fueron todo un éxito en el almuerzo de hoy. Demostrado queda, las croquetas son caseras y las hice yo. Ahora a ver que se me ocurre cocinar para la próxima vez que quedemos.

Modificación (19/06/06): Ante las dudas expresadas por algunas personas respecto a que no se me ve la cara en ningún momento, incorporo una nueva foto en la que se me ve la cara y la cicatriz del corte en el dedo. Ahora se podría argumentar que la mano no es mía, pero es lo más lejos que pude sacar la foto para que se viera tanto mi cara como la cicatriz. También se podría argumentar que la cicatriz está hecha con infografía, pero créeme cuando te digo que no soy tan virtuoso. Mira que es desconfiada la gente…

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¡Hola! Mi nombre es Oliver. Soy profesor de informática e investigador en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Éste es el blog en el que escribí desde el 16 de mayo de 2006 hasta el 9 de febrero de 2007. Por el momento he dejado de escribir aquí… aunque quién sabe, quizá vuelva algún día. ¡Gracias por leerme!

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