Los Simpson es una serie que contiene momentos absolutamente memorables, como aquella vez en la que Homer ingresa en Los Canteros, una especie de secta secreta con gran poder (parodia de los masones).
Durante una reunión de este grupo, los asistentes cantan una canción en la que es, desde mi punto de vista, una de las mejores escenas de la serie. Me ha costado bastante tiempo encontrar el video, pero por fin lo he conseguido gracias a YouTube.
A continuación reproduzco la letra de la canción, obtenida también de los foros de YouTube. Mantengo el idioma original, porque la traducción pierde bastante.
Who controls the British Crown
Who keeps the metric system down
We do! We do !
Who leaves Atlantis off the maps?
Who keeps the martians under wraps?
We do! We do!
Who holds back the electric car?
Who made Steve Guttenberg a star?
We do! We do!
Who robs cave fish of their sight?
Who's rigs every Oscar night?
We do! We do!
No sé qué habrá de cierto en lo de la Atlántida, el coche eléctrico o los marcianos, pero desde luego que debió hacer falta una secta poderosa para hacer de Steve Guttenberg una estrella de cine…
Durante todo el año, y muy en especial durante estas fechas, las autoridades tratan de concienciarnos a todos sobre los peligros de las carreteras. Por medio de una serie de anuncios muy inteligentes, nos muestran las consecuencias de los accidentes de tráfico para que meditemos un poco antes de ponernos al volante.
En este contexto, me ha chocado un poco el anuncio del videojuego Need for Speed Carbono, que podemos ver en YouTube. Creo que va totalmente contracorriente, mostrando un accidente de forma bastante realista pero como parte de un juego. Me pregunto si los autores del anuncio se habrán parado a pensar que están restando efectividad a la labor de concienciación a la que tanto esfuerzo se ha dedicado en los últimos años.
Quizá puedan pensar que soy un exagerado, pero estoy convencido de que no es así. El tiempo que pasamos jugando a videojuegos nos va acostumbrando a determinadas cosas y, en cierta forma, nos va condicionando. Un videojuego como el World of Warcraft difícilmente tendría consecuencias negativas en este sentido, ya que no tenemos capacidad para lanzar hechizos y rara vez vamos por la calle con un hacha a dos manos colgada de un arnés en la espalda. Cierto que alguna vez he sentido el impulso de agacharme a coger unas plantas para mejorar mis habilidades de botánica, pero con eso no hago daño a nadie.
Sin embargo, los juegos de carreras nos introducen en una situación real: conducir un coche. Y aunque no lo creas, el tiempo que pasas jugando es un tiempo en el que estás condicionando tus respuestas reflejas. Yo mismo tuve que dejar de jugar al Colin McRae 2, a pesar de que me encantaba, porque conduciendo en la vida real tuve el impulso de lanzar el coche contra una pared para adelantar a un camión aprovechando el rebote.
Es obvio que no lo hice, o no estaría escribiendo esto ahora. Pero ese impulso me asustó bastante y dejé el juego de inmediato. No quiero ni pensar en qué hubiera pasado si en lugar de jugar con el típico mando hubiera estado jugando con una interfaz similar a la de un coche real.
Los videojuegos nos influencian a todos; en mayor o menor medida, pero lo hacen. Y los anuncios también. Pero la carretera no es un juego, es la vida real, y si nos equivocamos al volante es probable que muera gente.
El domingo pasado iba por la calle, andando pero apoyándome en las dos muletas. En ese momento, mi rodilla izquierda no daba para más. En un momento dado tuve que bajar a la calzada porque había obras en la acera y, al encontrarme un pequeño agujero, levanté instintivamente la muleta izquierda…
Y de repente me di cuenta de que no había problema, podía seguir caminando apoyando solo la derecha. Ya había intentado varias veces caminar con una sola muleta, pero siempre lo intenté con la izquierda, dado que es la pierna mala, y fallé en todas las ocasiones. Entonces tuve la revelación: me había estado equivocando de muleta.
Siempre pensé que la muleta que me hacía falta para caminar era la de la pierna mala, pero en ese momento me di cuenta de que la que en realidad necesito es la de la pierna buena. No se trata de reemplazar la funcionalidad de la pierna mala sino de reemplazar la funcionalidad de la pierna buena en el momento que la levanto del suelo.
Seguí caminando con dos muletas un par de días, pero hoy ya me he atrevido a caminar sólo con una y, por supuesto, es la derecha. Puedo caminar también con la muleta en el lado izquierdo, pero mi cojera resulta mucho más ostensible.
Y después de darme cuenta de esto me acordé de House y de que él apoya el bastón junto a su pierna mala. ¿Será porque cada lesión tiene unas características distintas? ¿O será precisamente para exagerar la cojera de cara a la televisión?
Bueno, en cualquier caso, espero poder dejar pronto la muleta. Hoy he ido a consulta en el centro de rehabilitación, mañana pediré el alta al médico de cabecera (aunque he estado yendo a la universidad desde la semana pasada) y dentro de poco comenzaré las sesiones… a ver si hay suerte y estoy caminando para Navidad…
Nunca he bebido alcohol. Muchas veces me han preguntado si es por una promesa, si estoy enfermo, si… muchas chorradas. Pero el caso es que tan solo hay un motivo, algo muy sencillo: no me gusta el sabor de las bebidas alcohólicas. Alguien me dijo una vez que la cerveza era un placer adquirido, que había que acostumbrarse, pero… ¿por qué acostumbrarme a algo que no me gusta?
No se vayan a pensar que me parece mal que la gente beba. Es sólo que a mi no me gusta beber. Más de un vaso de agua me he tomado en una cervecería (incluso en la mismísima Alemania) soportando estoicamente las miradas de camareros extrañados.
Y luego, claro está, tenemos los problemas de beber en exceso. Desde luego, no consigo comprender por qué hay tanta gente que sale a beber por las noches (las noches están para dormir y jugar al World of Warcraft, aunque no necesariamente en ese orden) y por qué hay tantos que acaban como acaban.
Quizá por este motivo, me ha encantado el anuncio que estas Navidades está emitiendo el Ministerio de Sanidad y Consumo por la televisión. Como viene siendo habitual, pueden verlo en YouTube. Pero que conste que no trato de escribir una historia de denuncia social ni nada de eso. Es solo que me ha gustado el anuncio, es muy inteligente y creo que tiene más posibilidades de llegar a los jóvenes que un sermón.
De un tiempo a esta parte no consigo quitarme de la cabeza la cancioncilla del anuncio del nuevo SEAT Altea que se está emitiendo por televisión. La verdad es que el anuncio me encanta, tanto por lo original que es como porque está lleno de detalles.
Por ejemplo, al final del anuncio se ve que un cerdo de peluche corre detrás del coche mientras otro le mira desde dentro. Si nos fijamos a lo largo del anuncio, veremos como el cerdo que subió al coche está dudando de si ir o no, como si esperara algo, pero un conejo lo llama y acaba subiendo solo al coche. Sí, ya sé que es una chorrada, pero me encanta.
Por suerte, tenemos a YouTube para proporcionarnos una copia del anuncio. A ver si se te pega la canción a ti también. Los animales de dos en dos uah, uah…
Me engancho con facilidad a las series de médicos. La primera que recuerdo fue Urgencias, pero más tarde vinieron otras como Hospital Central (que últimamente veo desayunando en AXN) o House (que últimamente veo cenando en la FOX). Otra que me ha gustado a pesar de haberla visto poco es Anatomía de Grey, aunque por algún misterioso motivo mis horarios nunca coinciden con ella.
De vez en cuando me da por psicoanalizarme para intentar comprender por qué me gustan tanto. Quizá sea porque yo también soy Doctor, pero en Informática. No siento que un Doctor en Informática reciba el mismo respeto que un Doctor en Medicina. No siento que se le dé la misma importancia. Y, en el fondo, no siento que mi trabajo sea tan importante como el de un médico. Quizá, simplemente, me gusta echar un vistazo a cómo podría haber sido mi vida si hubiera elegido otra carrera.
Pero no creo que tenga estómago para médico. Mi pulso es un desastre, por lo que ponerme un bisturí en la mano podría tener consecuencias catastróficas. Además, no tolero demasiado bien la visión de la sangre o las lesiones. Quizá todo es acostumbrarse. Pero claro, también es cierto que ver tantas series de médicos tiene luego efectos en mi subconsciente.
Sin ir más lejos, la noche del sábado al domingo soñé con que me intoxicaba con unos tallarines y estos me pasaban a la circulación sanguínea convertidos en macarrones, llegando hasta justo debajo de la piel de mi estómago y mis muslos, en donde se manifestaban como un conjunto amontonado de bultos marrones del tamaño de un macarrón. ¿A que mi subconsciente mola un montón?
Como suele pasar, lo pasé fatal un buen rato hasta que caí en la cuenta de lo ridículo que era que los tallarines pasaran a la circulación sanguínea y, en ese momento, desperté. Empieza a hacer frío por las noches y ya toca ir sacando el edredón. Es algo que me suele pasar con frecuencia: si paso frío mientras duermo acabo teniendo pesadillas desagradables. Aunque nunca se sabe, puede que una de estas pesadillas me dé una idea genial para escribir un libro y hacerme rico.
Acabo de terminar de ver La Batalla de los Planetas, una serie de dibujos animados de finales de los setenta protagonizada por el conocido Comando G. Este grupo de cinco jóvenes utiliza sus poderes y su nave espacial, el Fénix, para enfrentarse a los invasores provenientes del planeta Spectra que amenazan la paz en la Tierra y todos los planetas aliados.
Realmente, se nota mucho en los guiones que hablamos de una serie de hace casi 30 años. Cada episodio mantiene unos patrones muy similares a los de otras series de la época como Mazinger Z: los malos crean una enorme y curiosa máquina de guerra que lanzan contra los buenos; estos se defienden y consiguen vencerla, pero los malos siempre escapan para volverlo a intentar. Y así una y otra vez.
Es algo repetitiva y trasnochada, lo sé, pero esto es precisamente lo que me atrae de la serie. Ver La Batalla de los Planetas te permite comprender cuáles eran los conceptos que primaban en aquella época a la hora de realizar series de dibujos animados y, por tanto, comprender la evolución de los guiones durante los últimos treinta años y porqué ahora son como son.
Otro detalle que deja clara la antigüedad de esta serie es la elección de los títulos de los episodios, algunos tan apoteósicos como La Momia Musical o El Banco de Calamares. A nadie se le ocurriría llamar así a un episodio de una serie de hoy en día. Y esa es precisamente la gracia. Ver La Batalla de los Planetas es como ver una parte de la historia de la televisión, teñida de un tinte nostálgico, pues recuerdo ver algún episodio cuando era muy pero que muy pequeñito.
En general, creo que me han cundido bastante los 50 euros que pagué por los siete DVDs, pues he tardado varios meses en ver los veintiséis episodios. Y también me resultaron interesantes los extras incluidos, especialmente por su toque retro, aunque eran bastante escasos. Al final, hasta le coges cariño a la machacona banda sonora, con base de reguetón, interpretada por Parchís. Sin duda, se trata un elemento imprescindible elemento para cualquier colección de DVDs del género.
Ayer por la noche puse la tele, creo que el canal AXN, y estaban poniendo una serie que se llama Sobrenatural o algo así. El episodio estaba terminando, de hecho, por lo que apenas vi cinco minutos.
Un individuo llega a casa y encuentra una nota que le ha dejado la que deduzco que era su novia. “Te he echado de menos, te quiero”. Coge una galleta de un tarro junto a la nota y se acuesta en la cama con los ojos cerrados. De repente caen unas gotas de sangre sobre su frente. Abre los ojos y ve a su novia pegada al techo con cara de horror. Luego la susodicha novia se prende fuego y quema toda la casa.
Creo que se suponía que la escena era de terror. Sin embargo, era tan absurda y exagerada que en lugar de asustarme, lo que hice fue quedarme con la boca abierta pensando “¿Pero qué coño es esto?”.
Parece que, últimamente, se está olvidando un hecho fundamental: la clave del miedo, del auténtico miedo, está en la sutileza. Night Shyamalan, por ejemplo, es un maestro en crear el ambiente adecuado para, de repente, hacer que el espectador salte de la silla. Nada de esperpénticas situaciones de sangre y llamas.
Otro ejemplo es Alien. Si lo piensas fríamente, el alienígena no es más que un tipo vestido con un traje cutre. Pero eso no importa. Se le esconde todo lo posible, se crea una atmósfera oscura y los tripulantes de la nave van cayendo de uno a uno. Es una de las mejores películas de terror de todos los tiempos, sin ninguna duda.
Causar miedo es muy difícil. Causar miedo es un arte. Un arte que, me temo, se está perdiendo a favor de la espectacularidad gratuita. Cada vez voy al cine con menos frecuencia, que se le va a hacer.
¡Hola!
Mi nombre es Oliver. Soy profesor de informática e investigador en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Éste es el blog en el que escribí desde el 16 de mayo de 2006 hasta el 9 de febrero de 2007. Por el momento he dejado de escribir aquí… aunque quién sabe, quizá vuelva algún día.
¡Gracias por leerme!