La Coctelera

Categoría: Videojuegos

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Y llegó la Cruzada Ardiente

Nunca hubiera dicho el 11 de febrero de 2005, el día que salió a la venta el World of Warcraft y compré la primera caja que vendió El Corte Inglés de mi ciudad, que estaba comprando un juego que me duraría dos años. No es que estuviera haciendo cola ni nada de eso, simplemente pasé a preguntar a la hora del almuerzo y dio la casualidad de que abrían la caja en ese momento.

Durante algunos periodos he jugado poco y durante otros he jugado mucho. Pero el caso es que he seguido jugando. Y lo que me queda. Hoy salía a la venta la primera expansión del World of Warcraft: La Cruzada Ardiente. Como no podía ser de otra manera, me la he comprado. Incluso he encontrado un hueco entre todo el trabajo que tengo para crearme un paladín draenei. No es que tenga mucho tiempo de jugar con él, pero así evité que la idea me estuviera reconcomiendo toda la tarde.

Reconozco que he estado muy viciado a este juego en algunos momentos, pero ahora tengo el vicio más o menos controlado. Más o menos. La regla de oro es "si hay cualquier otra cosa que te apetezca hacer, no juegues al World of Warcraft". Hay quien es aficionado al fútbol y está todo el día leyendo los diarios deportivos en internet. Yo soy aficionado al World of Warcraft, que le vamos a hacer, pero prefiero jugar a algo que sentarme a ver como juegan otros.

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Un cambio del día de Reyes

No hace tanto tiempo, la visita de Melchor, Gaspar y Baltasar llenaba de ilusión las calles de las ciudades. La Biblia nunca dijo que los Reyes Magos fueran tres o que fueran reyes. Ni siquiera se especifican sus nombres, aunque estos ya aparezcan en un mosaico del siglo VI en una iglesia italiana. Pero para los niños, su visita es el momento más especial del año.

La ilusión sigue inundando las calles la víspera del día de Reyes, cuando los niños van a ver la cabalgata. Siempre me ha resultado curiosa la predilección de la gente de mi ciudad por Baltasar. Los niños saludan a Melchor y Gaspar, pero Baltasar se lleva siempre una ovación. Luego la cabalgata termina y los niños vuelven a casa para esperar los regalos.

¿Y qué ocurre el día de Reyes? Antes se veía desde temprano a los niños en la calle con juguetes, bicicletas, pelotas… pero ahora nada, silencio sepulcral. La gran mayoría de los regalos que los niños reciben hoy en día son para usarlos en casa y son, en concreto, videojuegos. Yo no estoy libre de esta tendencia, ya que muchas veces he cometido el pecado de quedarme en casa jugando al World of Warcraft en lugar de salir a la calle a hacer algo, condicionando incluso mis horarios de todo el día para tener un rato en el que jugar.

Precisamente estuve meditando sobre esto cuando se me estropeó el ordenador y llegué a la conclusión de que tengo que romper esta tendencia. No hablo de dejar el juego, sino de controlar cuándo juego. En líneas generales, si tengo que elegir entre jugar al World of Warcraft y hacer otra cosa, debería elegir la otra cosa. Siempre hay ratos en los que estás cansado o aburrido y no tienes nada que hacer, siendo ese un buen momento para leer o ponerte a jugar a videojuegos.

Tendremos que tener cuidado con esta tendencia, o acabaremos creando una sociedad de gente que se enclaustra en casa y se conecta con los demás a través de internet. Y es una pena, porque hoy brilla el Sol ahí fuera.

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Anuncios para concienciar y anuncios para vender

Durante todo el año, y muy en especial durante estas fechas, las autoridades tratan de concienciarnos a todos sobre los peligros de las carreteras. Por medio de una serie de anuncios muy inteligentes, nos muestran las consecuencias de los accidentes de tráfico para que meditemos un poco antes de ponernos al volante.

En este contexto, me ha chocado un poco el anuncio del videojuego Need for Speed Carbono, que podemos ver en YouTube. Creo que va totalmente contracorriente, mostrando un accidente de forma bastante realista pero como parte de un juego. Me pregunto si los autores del anuncio se habrán parado a pensar que están restando efectividad a la labor de concienciación a la que tanto esfuerzo se ha dedicado en los últimos años.

Quizá puedan pensar que soy un exagerado, pero estoy convencido de que no es así. El tiempo que pasamos jugando a videojuegos nos va acostumbrando a determinadas cosas y, en cierta forma, nos va condicionando. Un videojuego como el World of Warcraft difícilmente tendría consecuencias negativas en este sentido, ya que no tenemos capacidad para lanzar hechizos y rara vez vamos por la calle con un hacha a dos manos colgada de un arnés en la espalda. Cierto que alguna vez he sentido el impulso de agacharme a coger unas plantas para mejorar mis habilidades de botánica, pero con eso no hago daño a nadie.

Sin embargo, los juegos de carreras nos introducen en una situación real: conducir un coche. Y aunque no lo creas, el tiempo que pasas jugando es un tiempo en el que estás condicionando tus respuestas reflejas. Yo mismo tuve que dejar de jugar al Colin McRae 2, a pesar de que me encantaba, porque conduciendo en la vida real tuve el impulso de lanzar el coche contra una pared para adelantar a un camión aprovechando el rebote.

Es obvio que no lo hice, o no estaría escribiendo esto ahora. Pero ese impulso me asustó bastante y dejé el juego de inmediato. No quiero ni pensar en qué hubiera pasado si en lugar de jugar con el típico mando hubiera estado jugando con una interfaz similar a la de un coche real.

Los videojuegos nos influencian a todos; en mayor o menor medida, pero lo hacen. Y los anuncios también. Pero la carretera no es un juego, es la vida real, y si nos equivocamos al volante es probable que muera gente.

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GTA en vivo

Hace tiempo encontré un video en el que unos actores parodiaban el famoso videojuego GTA. Acabo de encontrarlo por casualidad mientras escribía la historia del alcohol y, ya que estoy, lo enlazo por aquí. Si has jugado a una de las muchas versiones del juego, seguramente te reirás un rato con el video. Si no… bueno, no hace falta ni que le des a play.

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The Burning Crusade y su video de introducción

Hoy queda exactamente un mes para que salga a la venta The Burning Crusade, la esperada expansión del juego World of Warcraft. Cuando compré este juego, hace casi dos años, no podía imaginar todo el tiempo que iba a estar jugando. Tampoco podía imaginar lo mucho que iba a crecer este juego, con nuevos contenidos, hasta convertirse en algo muy diferente de lo que era inicialmente.

Una vez más, la compañía Blizzard ha marcado un hito en la historia de los videojuegos. Tengo curiosidad por ver cuál será la próxima genialidad que se les ocurra, pero supongo que habrá que esperar varios años porque queda World of Warcraft para rato. Precisamente esta semana se ha hecho público el video de introducción de la expansión, que podemos ver por cortesía de YouTube.

Aunque me gusta más la versión original en inglés debido al excelente doblaje de la voz de Illidan, también está disponible la versión en español que llegará a estos lares.

Sin embargo, aunque queda un mes, no puedo decir que esté demasiado impaciente, ya que mi personaje actual, el sacerdote enano Khondor, no tiene nivel suficiente para enfrentarse a los retos que planteará la expansión. Pero estoy trabajando en ello, dado que la rodilla no me permite hacer muchas más cosas. A ver si dentro de dos o tres meses cruzo el Portal Oscuro rumbo a nuevas tierras. ¿Quién vendrá conmigo? Sé de unos cuantos que me acompañarán…

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Montañas y montañas de videojuegos nostálgicos

Soy un nostálgico de los videojuegos antiguos. Y como yo, mucha gente. Prefiero echar una partida al Super Mario World que dedicarle tiempo al último disparate tridimensional que no es, en realidad, sino una elegante fachada que oculta el mismo juego cansino de siempre.

Por suerte, cada vez son más frecuentes las páginas en las que puedes jugar online a muchos de los juegos antiguos de consolas tan míticas como la NES o la Game Boy. Por ejemplo, en Game Burn puedes encontrar un directorio con muchísimos de estos juegos. Y todos gratis, por supuesto. ¡Muchas gracias por el enlace, Moi!

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El tercer cóndor

Mi primer blog trataba sobre mis historias y las de mis compañeros en el juego World of Warcraft. Mi personaje era un guerrero humano, miembro de la Alianza, una facción formada por las razas tradicionalmente consideradas buenas: humanos, elfos, enanos y gnomos. El nombre de mi personaje era Khondor y fue así cómo se me ocurrió el nombre de este blog.

El principal objetivo de la existencia de Khondor era jugar al rol, pero nunca se llegó a cumplir del todo. ¿El motivo? Estábamos jugando en un servidor inglés y yo no soy capaz de jugar al rol en inglés porque no domino ni el vocabulario ni las estructuras gramaticales necesarias. Por eso vi los cielos abiertos cuando Blizzard anunció la apertura de servidores españoles.

Sin embargo, pronto nos llevamos una decepción. No se iban a abrir servidores específicamente orientados al rol, tan solo servidores de juego normal o de juego jugador contra jugador. No es que los servidores de rol presenten características especiales, es simplemente que en ellos rigen unas normas estrictas (que luego se cumplen o no) para facilitar que los jugadores se sumerjan en un universo de fantasía. En resumen, que está prohibido que la gente hable sobre el último partido de fútbol en los canales comunes o que llamen a sus personajes con un nombre derivado de la estrella de cine de moda.

A mí y a mi grupo de amigos nos quedaron dos alternativas: permanecer en un servidor de rol inglés en el que roleábamos bien poco debido al idioma o migrar nuestros personajes a un servidor que no era de rol pero en el que se hablaba español. Después de mucho discutirlo decidimos migrar, ya que no tenía sentido permanecer en un servidor de rol sin rolear.

En el nuevo servidor jugué dos veces. Esto fue debido a dos causas separadas. Por un lado, el ambiente: nombres estúpidos de personajes, gente hablando de cualquier cosa menos del juego… conocí a gente muy agradable, pero ese no es mi concepto del juego, me sentía muy incómodo. La segunda causa, quizá la más decisiva, fue el anuncio por parte de Blizzard de la apertura de un servidor de rol. Una broma cruel, porque no se permitía migrar personajes a ese servidor (por mucho que lo justificaron, por activa y por pasiva, siempre he considerado esa decisión una cacicada) y había que empezar de cero.

En este juego puedes tardar seis meses perfectamente en conseguir que tu personaje llegue al máximo nivel. Sin embargo, después de meditarlo, decidí aceptar el sacrificio para poder por fin jugar al rol en español, pues no le veía sentido a tener un personaje de máximo nivel en un servidor en el que me siento incómodo. Varios de mis amigos coincidieron en mi punto de vista y crearon nuevos personajes en el servidor de rol español, llamado Los Errantes.

A la hora de crear el nuevo personaje, he de decir que me hacía ilusión jugar en la facción contraria a la Alianza: la Horda. Esta facción está formada por razas consideradas tradicionalmente como malvadas (orcos, trols, no muertos y tauren) pero que en el universo de World of Warcraft tienen un trasfondo distinto, especialmente en el caso de los orcos y los tauren, con un marcado sentido del honor y con motivaciones justas. Por este motivo, el segundo Khondor fue un chamán orco de la Horda.

Una vez más, mis ilusiones se fueron al garete. Hay una verdad bien conocida en el World of Warcraft: la mayoría de los jugadores prefiere la Alianza y, en concreto, razas de buen ver como los humanos y los elfos. Los enanos y gnomos son menos numerosos y las razas de la Horda menos aún. Este principio también se cumple en los servidores de rol y es muy duro para un servidor que acaba de crearse y está, por tanto, poco poblado (los servidores de rol se pueblan más lentamente que los otros porque la gran mayoría de jugadores pasa del tema). Por poner un ejemplo, en un momento dado podía haber más de 30 personas en una ciudad de la Alianza y menos de 5 en una de la Horda.

Esta proporción también se aplica a los jugadores de rol y puede que la diferencia sea todavía más abrumadora, pues es mucho más cómodo rolear con un humano, un elfo o un enano que con un orco. Aún así, me integré en una hermandad rolera, La Cancillería de la Horda, en la que hicimos lo posible por instaurar algo de rol en nuestra facción.

Poco a poco, todos nos fuimos quemando. Había muy poca gente y la que había pasaba mayoritariamente del rol. Organizamos eventos y casi nadie asistía. Pronto quedamos reducidos a un pequeño grupo que, finalmente, lo estaba pasando mal. Me integré lo más que pude y no me arrepiento porque he conocido a muy buena gente con la que espero seguir encontrándome en el juego. Pero tanta integración me empezó a pasar factura: me costaba dormir buscando soluciones al problema, en el trabajo andaba despistado planificando cosas que luego no funcionarían por falta de gente. En lugar de divertirme con el juego había llegado a un estado en el que me sentía responsable de tratar de solucionar la situación.

Quizá lo peor de todo es que éramos conscientes de que el problema era la Horda. La gente era buena y las ideas eran buenas. Fracasábamos una y otra vez por la escasez de gente. Es probable que lo que más daño me estuviera haciendo fuera saber que, si estuviéramos en la Alianza, nuestro proyecto rolero hubiera salido adelante. Pasé muchos días dándole vueltas a esta situación y acabé llegando a una conclusión inevitable: tenía que ponerle fin. El objetivo del juego es divertirme, escapar durante un rato a las obligaciones y responsabilidades de la vida real. En ningún momento debía haberse convertido en un nuevo conjunto de obligaciones y responsabilidades.

Por tanto, y con mucho pesar por mi parte, decidí abandonar la Horda apenas un mes después de ingresar en ella. Ayer me despedí dentro del juego, borré mi personaje y cree un nuevo personaje en la Alianza, un enano sacerdote, al que le puse una vez más el nombre de Khondor. Podría haber elegido otro, pero me pareció importante repetirlo para que la gente que ya me conozca pueda identificarme con facilidad, aparte de que ya me tomo como algo personal que un personaje llamado Khondor tenga éxito. Así pues, el tercer cóndor había nacido.

De nuevo, varios de mis amigos han hecho lo mismo que yo, sólo que ésta vez se anticiparon a mi movimiento y ya me estaban esperando en la Alianza, pues comprendieron antes que yo que la situación de la Horda terminaría de esta manera. Espero que, por fin, haya terminado este peregrinaje (ya había probado varios servidores y modos de juego antes de crear al primer Khondor). Pero, sobre todo, espero empezar a divertirme otra vez, roleando y jugando a este gran juego que es el World of Warcraft.

Un último apunte: no he abandonado el proyecto de la Cancillería. Varias personas de la hermandad han pasado por lo mismo que yo y han tomado la misma decisión que yo he tomado. Estamos convencidos de que este proyecto puede funcionar en la Alianza y estamos hablando sobre la posibilidad de ponerlo en marcha. Ya sé que puede parecer que si hago eso me estaría llevando los problemas de la Horda a la Alianza, pero la gran diferencia está en la cantidad de gente. Es como intentar montar un club social en un pueblo remoto en medio de las montañas o en una gran ciudad. En este segundo caso, sería necesaria mucha menos implicación para que la cosa funcionara. Pero, de todas formas, estaré atento, no vaya a ser que caiga de nuevo en la trampa de convertir el juego en un segundo trabajo. A fin de cuentas se trata de eso, de un juego.

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Estrenando la PSP

Ayer me compré el FIFA 2007 para PSP y hoy he estrenado mi consola. A la mayoría de la gente le parecerá algo normal, pero imagino que algunas personas pondrán el grito en el cielo. ¿Qué por qué? Bueno, porque tengo la consola desde hace nada menos que ocho meses.

En realidad la consola fue un regalo inesperado de mis compañeros de Barcelona por haber finalizado mi tesis doctoral. El problema es que los juegos son algo carillos, así que de entrada me planteé la posibilidad de piratearla. En aquella época, Sony acababa de parchear la consola para evitar el pirateo, así que esperé hasta que volvieran a encontrar la forma de piratearla.

Al poco tiempo se encontró una nueva manera de piratear la consola, pero era necesario utilizar un fallo de un videojuego de la serie GTA. Un amigo de Barcelona se ofreció a prestármelo, pero tuve que esperar a que alguien viniera a Gran Canaria desde Barcelona para que me lo trajera. Cuando por fin lo tuve, lo dejé sobre la mesa hasta tener un rato en el que ponerme a trabajar en ello.

Pero nunca encontré el rato. Pasó el tiempo, siguió pasando y seguía sin encontrar un rato para piratear la consola. De hecho, daba igual porque tampoco me había puesto a buscar juegos piratas. Luego, en Seattle, uno de los asistentes a la conferencia me comentó que piratear la consola no me serviría de nada si no tenía una tarjeta de memoria de dos gigas como mínimo, que me saldría bastante más cara que cualquier juego.

Al final, la semana pasada me convencí de que, si seguía así, acabaría por no jugar nunca con la PSP, así que decidí comprarme el FIFA (creo que he jugado a todas las ediciones desde la primera, publicada en 1994). No lo compré la semana pasada para comparar precios y, gracias a eso, ahorré más de 10 euros cuando lo compré ayer.

Esta mañana ya eché mi primer partido (perdí 1 – 0 con gol de la máquina en el último segundo, que sorpresa). Pero tampoco es un mal resultado, si tenemos en cuenta que cuando comenzó el partido no sabía ni cómo mover a los jugadores, ya que durante todo este tiempo había confundido el pad analógico con un altavoz.

En fin, a ver si ahora empiezo a sacarle partido. Eso sí, para jugar al FIFA he tenido que actualizar el firmware de la consola, por lo que el pirateo ahora es imposible. Pero mejor me olvido del tema. Más vale gastarse algo de dinero de vez en cuando que tener la consola en el fondo del ropero.