Es curioso, nunca me había atraído el tema de los blogs, pero este es el segundo que abro en poco más de un mes. Comencé con el blog de mi clan del juego de rol online World of Warcraft, donde escribo las historias de mi personaje. Algunas historias son simples historias del juego, mientras que otras ocultan una parte de verdad, de la vida real.

No soy novato en esto de escribir. Tengo bastantes publicaciones en temas de investigación. Pero no es lo mismo: me pagan por ello, lo que equivale a decir que a menudo escribo sobre cosas que no me apetecen. Sin embargo, a medida que le iba cogiendo el gusanillo a esto de escribir de por libre, me entraron ganas de contar otras historias, historias que no podía encuadrar en el periodo de tiempo entre una matanza de murlocs y una matanza de gnolls. Obviamente, el enfoque del blog de mi clan está claramente limitado.

Durante más de un año probé todo tipo de personajes y nombres: Nitar el guerrero orco; Zuus, el paladín enano; Zheel, el brujo orco; Mugraul, el druida tauren; Babylon, el mago no-muerto; Elderion, el cazador elfo nocturno… sí, ya sé que lo más probable es que todo esto te suene a chino mandarín, pero ya estoy llegando a donde quería. Jamás me sentí realmente cómodo con ninguno de esos nombres, soy inconformista hasta la médula en ese sentido, o lo era. Finalmente llegué a Khondor, el guerrero humano.

Por algún extraño y místico motivo, me encanta ese nombre. ¿Será que me siento identificado con un cóndor? Puede ser, porque siempre tuve la sensación de que la gente como yo estaba en vías de extinción, sin ninguna esperanza, aislado y en espera de lo que depare el futuro. Afortunadamente esto ya no es así. He tenido la suerte de descubrir que hay más gente como yo, que no estoy solo y que no hay necesidad de esperar nada, sino que hay que salir a buscarlo. Únicamente tengo que desplegar las alas y echar un vistazo alrededor.

¿Y cómo soy yo? Eso no es tan fácil de describir, a parte de que tampoco tengo intención de hacerlo de entrada. Las pistas sobre cómo soy yo están aquí, en este blog, en lo que escribo. Llega la hora de que el cóndor emprenda el vuelo, con la esperanza de no ser víctima de la tan consabida mortalidad infantil de los blogs o de los cada vez más frecuentes problemas de La Coctelera. Tengo mucho trabajo todavía por delante para configurar esta página a mi gusto. Veremos a donde me llevan las corrientes de aire. Espero que hacia arriba, rumbo al cielo.