La bola de pelos
Prometí comenzar con esta historia. Me sucedió hace dos días y estaba deseando contársela a alguien. Por ejemplo a todo el mundo. Con esta historia inauguro también mi sección de traumas, con la que hago mío uno de los lemas de mi amigo Luis: compartir el horror.
Imagina que pasas toda la tarde en la calle. Llegas cansado a casa y no hay nadie. Vas al baño, levantas la tapa del retrete y allí te la encuentras. La bola de pelos. No una pelusilla. No unos cuantos pelos que se han soltado del peine. No. Una bola de pelos del tamaño de un puño.
Rápidamente llegas a una serie de conclusiones. Una persona, denominada X, ha decidido reducir la cantidad de pelo de alguna parte de su cuerpo, denominada Y. Todo el pelo procedente de X.Y ha acabado tirado en el retrete en un inconmensurable gesto de dejadez, despreocupación, desidia o como quieras llamarlo.
¿Qué es lo que hubieras hecho tú? ¿Tirar de la cadena? ¡No! Grave error. Una bola de pelos no navega por la corriente con facilidad. Una bola de pelos se estanca a las primeras de cambio. Dado que no podía permitir eso, no me quedó más remedio que meter la mano en el retrete para sacar la bola de pelos. Por supuesto no salió entera de una vez, así que tuve que repetir la operación en varias ocasiones hasta que conseguí sacar la mayor cantidad posible de pelo para tirarlo en una papelera. Ahora si podía tirar de la cadena (¿qué cadena? ¿cuándo fue la última vez que viste un retrete con cadena?) y todo quedó limpio como una patena.
Ya se lo que estás pensando. ¡Qué exagerado! ¡Cómo va a atascarse el retrete por una bola de pelos! Pues sí, se atasca, se atasca. Y lo digo por experiencia. El retrete se atascó el verano pasado. No fue sólo por culpa de una bola de pelos, pero muchas bolas de pelos en combinación con otras cosas si que acaban formando una maraña bastante desagradable, a la vez que consistente.
Hubo que desmontar el retrete y desatascar la tubería manualmente. Y claro ¿quién metía la mano en el tubo? El individuo X se hizo el loco. Al individuo X2 le dio un mareo (el pobre) y los individuos X3 y X4 no querían saber nada. Tuve que hacerlo yo. Gracias a eso, ahora tengo un conocimiento bastante preciso de la estructura de tuberías de mi baño.
Hasta el codo en la mierda. Literalmente. Quien no lo ha vivido no sabe de lo que hablo. Aunque claro, esa es una frase hecha. Sería más preciso decir hasta el hombro. Sacar de allí, saqué de todo. Principalmente se trataba de papel higiénico y residuos orgánicos de agradable color y delicioso aroma. Tenía un guante de plástico que me llegaba hasta el codo, una mascarilla de papel en la cara, y un gancho hecho con una percha que me permitía evitar el contacto directo la mayoría del tiempo. Tampoco es que eso me resultara de mucho consuelo.
Y después de sacar todo aquello, allí estaba: un montón de pelos que se habían ido acumulando poco a poco y habían generado todo aquello. Es una experiencia sobrecogedora, la recomiendo sin duda. Pero como más vale prevenir, prefiero sacar la bola de pelos ahora que tener que sacarla luego con todo lo que le caiga encima.
¿Qué les parece? ¿Es o no es un trauma? Y pensar que todo esto no hubiera sido necesario si X hubiera tirado el pelo a la papelera directamente…

adastra dijo
¡POR EL AMOR DE JAH! Puajjjjjj... Ahora comprendo tus alusiones veladas en estos días a la jodida bola de pelo...
17 Mayo 2006 | 12:49 PM