Nunca he sido de los que ponen el grito en el cielo al hablar de la violencia en los videojuegos. Siempre he pensado que juegos como el popular Counter Strike no son realmente problemáticos en el sentido de que no plantean una situación real de la vida de los niños que juegan. No creo que los niños puedan confundir sus vivencias familiares o sus relaciones en el colegio con un combate entre terroristas armados y fuerzas de choque policiales dentro de un avión.

Sin embargo, en los últimos tiempos han ido apareciendo juegos que ponen al jugador en una situación real. Uno de ellos es el muy criticado Grand Theft Auto, en el que dispones de relativa libertad para hacer lo que quieras. En cierta ocasión, en un centro comercial, vi a un chico de unos doce años jugando en una de las consolas en exposición. En lugar de cumplir con los objetivos del juego, había decidido irse a la playa y empezar a matar a todos los bañistas que encontró, con el consiguiente regocijo por parte de su pandilla de amigos. Esto ya no es una situación tan irreal y podría empezar a introducir ideas peligrosas en la cabeza de los niños. Aún así… ir a la playa a matar bañistas… me siguió pareciendo algo fantasioso y pronto dejé de darle vueltas al asunto.

Hoy regresé a ese centro comercial para hacer unas compras y pasé por el lugar donde se exponen las consolas para que la gente pueda jugar. Había un juego nuevo llamado The Warriors cuya trama me sorprendió. Se trata de un juego de bandas callejeras. El jugador entra en una banda y luego combate contra las demás con los típicos bates de béisbol y otras armas similares. Con la preocupación que hay hoy en día por la violencia en las escuelas, esto era lo último que faltaba. No me extraña que lo hayan calificado como recomendado no recomendado para menores de 18 años, ya que ese argumento sí que puede confundir las ideas de los niños.

Pero clasificar un juego para una determinada edad no sirve de nada si los adultos no prestamos atención a dicha clasificación. Es de suponer que los padres comprobarán el límite de edad antes de permitir que los niños jueguen en casa. ¿Pero qué pasa con los centros comerciales? Cuando vi el juego había dos niños jugando. Uno de ellos no levantaba un palmo del suelo y no debía tener más de seis o siete años. El otro era mayor, supongo que estaría a cargo del más pequeño, pero no debía tener más de diez años.

Así que allí estaban, dos niños pequeños e influenciables repartiendo mamporros a los integrantes de una banda rival. Demasiado cerca de la realidad. Demasiado. ¿Es que esto no se le ha pasado por la cabeza a los responsables del centro comercial? ¿O es que, como siempre, lo que prima son las ventas? A estas alturas no sé por qué me sorprendo.