Hoy en día estamos acostumbrados a que la potencia de los ordenadores de sobremesa o las consolas de videojuegos prácticamente iguale a las máquinas de los salones recreativos. Pero esto no siempre fue así. A principios de los noventa sólo teníamos las consolas de 16 bits, con juegos ciertamente memorables, pero que no llegaban a la altura de calidad gráfica o sonora de las recreativas.

La única manera de tener una recreativa en casa era comprar el Rolls Royce de las consolas: la Neo Geo. El relativamente enorme tamaño del mando, similar al de una recreativa, es una prueba de la idea que la compañía SNK quería transmitir a los compradores cuando creó esta consola. La Neo Geo tenía un procesador Motorola 68000 de 16 bits como el usado por la Megadrive de Sega, pero un 50% más rápido. También disponía de un procesador secundario de 8 bits Zilog Z80A que, junto con el circuito de sonido YM2610 de Yamaha y el inteligente diseño de la placa, permitían que la Neo Geo tuviera una potencia muy superior a la de las otras consolas de la época.

Sin embargo, tener una Neo Geo se convirtió en un objetivo imposible. Recuerdo que el precio de la consola rondaba las cien mil pesetas de la época (600 euros al cambio de 2002) mientras que los juegos podían costar perfectamente treinta mil pesetas (180 euros) o incluso más. Si estos precios pueden parecer altos hoy en día, no hace falta decir lo que significaban estas cantidades hace quince años.

Esto fue lo que convirtió a la Neo Geo en una consola para una élite muy limitada. Finalmente, la Neo Geo se vio ampliamente superada por otras máquinas más potentes y más baratas. Aunque curiosamente, sin que se siguiera hablando de ella, ha permanecido en el mercado hasta la aparición de su último juego en 2004.

La Neo Geo siempre quedará en la memoria de muchos niños de la época como un sueño inalcanzable. Pueden encontrar más información en la omnipresente Wikipedia o en Infoconsolas, de donde he obtenido las fotos.

Para terminar, un pequeño reto dedicado principalmente a mi amigo Pablo. Me consta que tienes una enorme cantidad de revistas Micromanía de la época. ¿Serías capaz de encontrar precios exactos de la consola o los juegos? Esas revistas estaban plagadas de los míticos anuncios de Centro Mail, que ya existía por aquel entonces.