Videoconferencias tridimensionales
A causa de mi trabajo como investigador en Arquitectura de Computadores, estoy continuamente en contacto con mis compañeros de Barcelona. La mayoría de las veces nos comunicamos usando programas de mensajes de texto como el Messenger o de transmisión de voz como el Skype. Normalmente no realizamos videoconferencias debido a las limitaciones técnicas.
Sin embargo, a medida que avanza la tecnología, se acerca cada vez más el día en que las videoconferencias se conviertan en el pan nuestro de cada día. Y no sólo me refiero a utilizar una cámara para enviar imágenes a través de internet. El diario El Mundo comentaba ayer que ya existen mecanismos de proyección de imagen tridimensional para videoconferencias.
Este sistema, que ha recibido el nombre de telepresencia, utiliza un conjunto de espejos para ocultar las cámaras y pantallas. La imagen se proyecta sobre un cristal, proporcionando una sensación realista de tridimensionalidad. Según comenta la noticia, la primera impresión de los usuarios es de extrañeza, pero al cabo de poco tiempo se habitúan y acaban hablando con la imagen igual que hablarían con la persona real.

Esta tecnología tiene muchas posibilidades de cara al futuro. Hoy en día hay muchos trabajos, como el mío de investigador y otros muchos relacionados con la informática, que no requieren que el empleado esté físicamente en un puesto concreto. No hablo sólo de trabajar desde casa, sino también de trabajar desde otra ciudad o incluso desde otro continente. ¿Cuántas personas bien preparadas han tenido que rechazar un puesto de trabajo porque representaba el desplazamiento de toda una familia?
Con este tipo de avances podemos comprobar que el mayor obstáculo para el trabajo a distancia no es la tecnología en sí. El mayor obstáculo es, según mi propia experiencia, la actitud de los jefes, que consideran que si el empleado no está controlado dentro de su empresa no rendirá lo suficiente. Yo creo que es todo lo contrario, un empleado bien motivado rendirá más de esta manera, porque estará más a gusto, aparte de los problemas de tráfico que se ahorra. A la larga, a medida que la sociedad se vaya concienciando de esto, las oficinas están condenadas a desaparecer.
