La Ecuación Dante
¡Atención! Esta historia contiene detalles del argumento
La Ecuación Dante de Jane Jensen es un libro sorprendente. Varias personas siguen la pista de un documento escrito hace setenta años en el que se describen unas ecuaciones físicas que explican el funcionamiento real del universo material y su interacción con otros universos por medio de la mecánica de ondas. Las personas se van encontrando unas con otras a lo largo de la novela hasta que, finalmente, encuentran el documento todas juntas.
Debo decir que me enganché al libro. La trama está bien hilada y resulta entretenida. Pero me sorprendió mucho que los protagonistas encontraran el documento que buscaban a mitad del libro (que, por cierto, es bastante largo). En ese punto no tenía ni idea de lo que podía pasar. Me temía que el libro perdería su interés y, al igual que en El Código Da Vinci, se convirtiera en una típica novela de acción en la que no quedara nada por descubrir.
Me equivocaba de cabo a rabo. El autor del documento había descubierto un minúsculo agujero negro y el grupo, siguiendo su pista, acaba por caer en él. Al atravesar el agujero negro, los miembros del grupo terminan en distintos universos. Una científica y su ayudante llegan a un mundo donde una civilización alienígena muy avanzada se está extinguiendo porque, en su afán por la ciencia, han perdido el instinto de reproducción y conservación de la especie. Un rabino cae en un mundo donde una civilización de bestias peludas viven en un clima de extremismo religioso. Un agente militar llega a una civilización gestionada por estrictos principios militares. Finalmente, un donjuán egoísta y despreocupado acaba en un mundo selvático donde unas tribus llevan una vida cruel de similares características.
Este momento del libro es un auténtico descoloque. De repente ya no sabes si estás leyendo una novela de ciencia ficción o de fantasía épica. O las dos cosas entrelazadas. Pero detrás de todo esto se esconde una enseñaza moral. La explicación física dada por el libro para este fenómeno es que cada persona tiene un patrón de energía que, al atravesar el agujero negro, acudió al lugar con un patrón de energía más parecido. Dicho de otra manera, cada persona terminó en el lugar que le correspondía o, más bien, en el lugar que se merecía. Exactamente el mismo lugar en el que se habría reencarnado cada uno de ellos de haber muerto en el momento de cruzar el agujero negro. De esta forma, la mecánica de ondas explicaría la relación entre este y todos los posibles universos materiales, así como con el más allá. Solo podremos escapar de la dimensión de los universos materiales cuando encontremos el equilibrio perfecto en nuestras almas.
Obviamente no debemos dar más credibilidad a esa teoría de la que se merece cualquier otra novela. Sin embargo, sí que me hizo pensar un poco. La mecánica cuántica y la mecánica de ondas son disciplinas que ni de lejos empezamos a comprender, por lo que es probable que nuestra perspectiva de cómo funciona el universo termine por cambiar en un momento dado. Y puede que el cambio sea radical. De hecho, he llegado a ver algún documento de IBM en el que se discute la teletransportación a nivel atómico. Hace diez años hubiera sido inconcebible que todos tuviéramos ordenadores e internet de alta velocidad (es un decir) en casa. ¿Quién sabe cómo será nuestra vida dentro de cincuenta años?
El final del libro me resultó un tanto decepcionante. Los protagonistas consiguen regresar a nuestro universo y deciden que la tecnología es demasiado peligrosa. Ah, vale, muy bien, de acuerdo. Se la ocultamos a los gobiernos de EEUU e Israel, que estaban tras la pista, y asunto cerrado. Fin. Realmente creo que la autora se lo podría haber currado un poquito más. Pero no es la primera vez que encuentro un final tan apresurado en un libro y seguramente no será la última. Esto es lo que pasa cuando tienes que cumplir un plazo concreto para entregar tu obra y se te agota el tiempo. O bien cuando no tienes que cumplir un plazo, pero lo que se agota es tu imaginación o tus ganas de seguir escribiendo. En fin, en algún momento hay que dar por terminada una historia.

adastra dijo
Mm... Te pasó lo mismo que a mí leyendo el libro. A mí por lo menos me pareció que esta tía le da por culo sin vaselina al Daniel Canelo de los cojones. Además, tiene el morbo añadido de ser creadora de videojuegos (como la saga «Gabriel Knight», de Sierra).
Lo de la explicación física para el cielo, infierno y purgatorio está muy bien, pero el final es un pelín flojo. Sin embargo, no me arrepiento para nada de haber comprado el libraco :)
3 Julio 2006 | 02:45 PM