Estoy teniendo una mala semana. El viernes es el día límite para enviar artículos a una conferencia y yo estoy preparando nada menos que dos diferentes con personas diferentes. Normal que lleve un estrés que no veas, como queda patente al comprobar que ayer ha sido uno de los pocos días en los que no he publicado nada (se ve que a mí también me la pela eso que dicen algunos de que publicar todos los días puede ser perjudicial… mientras yo me divierta tiraré pa’lante).

Hoy es el primer día de esta semana que llego a casa relativamente temprano. Almorcé a las 17:00, todo un logro… aunque prefiero omitir la Copa Danone que llevaba 15 días caducada en la nevera y cuya fecha de caducidad no miré hasta después de zampármela, cuando quedé extrañado por el curioso sabor de la nata y la particular textura del chocolate. Iré preparando el rollo de papel higiénico para mañana por si acaso.

Pero quizá, a pesar de todo, hoy he tenido un golpe de suerte. Al entrar en mi habitación, tirado en el suelo, como quien no quiere la cosa, había un clip sujetapapeles de color rojo. No tengo ni la más remota idea de dónde ha salido el clip, pero aquí está. Puede que ahora estés pensando que me he dado un golpe en la cabeza o algo. ¿Para qué puede servirme un clip rojo? Pues, aunque no te lo creas, con un clip rojo pueden conseguirse muchas cosas. Si no te lo crees, lee esta historia (aunque, si llevas más o menos bien el inglés, te recomiendo ir a la fuente original).