¡Atención! Esta historia contiene detalles del argumento
Los elfos oscuros son una raza malvada. En el mundo de los Reinos Olvidados, esta raza da lugar a algunos de los personajes más interesantes, excelentemente descritos en los libros de R. A. Salvatore. El desarrollo de una historia dentro de una sociedad de seres malvados le da una cierta magia al relato, un aire de novedad que lo distingue de otros libros de fantasía épica.

Es probable que la sociedad de los elfos oscuros del mundo de Warhammer esté basada, al menos en parte, en los elfos oscuros de los Reinos Olvidados. Sin embargo, La Maldición del Demonio dista mucho de alcanzar la calidad de las obras de Salvatore. No es que la historia esté mal narrada, sino más bien que lo está de forma exagerada. Muy exagerada, de hecho.
Salvatore fue capaz de crear una sociedad de seres malvados en la que, sin embargo, había un cierto equilibrio. Era totalmente aceptable apuñalar a alguien por la espalda, pero lo tenías que hacer de forma que no hubiera testigos ni pruebas. Si no fuera de esta forma, la convivencia sería imposible. La maldad estaba presente y todo el mundo lo sabía, pero era algo mucho más sutil que lo que nos encontramos en la sociedad presentada por La Maldición del Demonio.
La sociedad presentada por este libro no es creíble. Si los elfos oscuros actuaran de esa manera, traicionando y asesinando a diestro y siniestro, su civilización tendría que colapsarse antes o después. La magia de una maldad sutil se pierde completamente dando lugar a una sociedad tan exagerada que no te la puedes terminar de creer. Debido a esto, el libro se va haciendo más y más cansino a medida que lo lees.
La exageración tiñe también todas las escenas de batalla. El protagonista, Malus Darkblade, recibe tantos palos a lo largo de la historia que al final ya das por hecho que es inmortal. Si los combates estuvieran narrados con realismo, Malus debería haber muerto antes de la mitad del libro. Sin embargo, su armadura y su cuerpo resisten lo que sea, mientras que los golpes de hacha o espada apenas dejan una cicatriz en su mejilla. Eso sí, si nos ponemos a contar las cicatrices en la mejilla que recibe el protagonista a lo largo del relato, llegaremos a la conclusión de que su cara debe parecer un mapa.
Una lástima, el trasfondo de los elfos oscuros da para mucho más, pero este libro no lo aprovecha en absoluto. Todo lo contrario, presenta una sociedad tan exagerada que no resulta creíble y una trama poco interesante debido a que la protagoniza alguien que sobrevive una y otra vez de forma inverosímil. Al final, el efecto es que el lector se termina cansando y ya no ve la hora de que termine el libro.

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