¿Cuántas cosas pueden pasar en una hora? ¿Cuántas cosas raras? Dicen que las desgracias se juntan, y aunque puede que el término desgracia sea un tanto exagerado para calificar las cosas que me pasaron ayer entre las 17:00 y las 18:00, no me cabía en la cabeza cómo era posible que me pasara todo aquello en una hora.
Comenzamos nuestro periplo en El Corte Inglés, donde fui a comprar un trípode para mis recién adquiridos prismáticos de observación astronómica. Realmente no tengo los prismáticos todavía, los tiene mi amigo Pablo, que se encargó de la compra porque la tienda está en un pueblo del centro de la isla y él tiene familia allí que podía pasar a recogerlos. Los prismáticos me los iba a dar esta noche, en una sesión de observación astronómica (que acabamos de suspender debido al mal tiempo) por lo que no me quedaba más remedio que comprar el trípode sin verlos para poderlo usar durante la sesión. Sin embargo, Pablo me dijo que la conexión entre los prismáticos y el trípode era absolutamente estándar, así que supuse que no habría problema.
Craso error. Pasé un buen rato revisando los distintos trípodes disponibles pero parecía haber dos o tres tipos de enganche distintos, así que decidí preguntarle a una dependienta, que por cierto tardó un buen rato en atenderme. De verdad que no sabía si empezar a darme cabezazos contra alguna pared mientras escuchaba sus explicaciones. Según ella, era imposible que mis prismáticos tuvieran una pieza para engancharlos al trípode. Imposible. Me iba a costar mucho conseguir esa pieza y, si acaso la conseguía, lo mejor sería que comprara el trípode allí para garantizar que la pieza realmente enganchara con el trípode.
No sé si la política de El Corte Inglés es decirles a los clientes que es imposible que sus prismáticos adaptados para trípodes estén adaptados para trípodes, pero me parece una absurdez. Es más, ni siquiera me garantizaba que la pieza para enganchar los prismáticos a un trípode, en caso de conseguirla, permitiera enganchar los prismáticos a un trípode.
En resumen, que yo tenía necesariamente que estar equivocado. Pero si yo le digo que mis prismáticos tienen una pieza para engancharlos a un trípode ¿por qué no me cree? ¿Me vio cara de paleto o qué? De hecho, Pablo me ha confirmado hace un rato que ha puesto los prismáticos sin problema en el trípode de su cámara.
En fin, como no sabía cómo razonar con esta persona decidí no comprar nada y volver en otro momento con los prismáticos en mano para ver qué trípode les va mejor, reduciendo mi interacción con los dependientes al momento del cobro. Salí del edificio y me dirigí a una parada de guagua para visitar otra tienda (friqui, por supuesto) que estaba un poco lejos.
En realidad estaba dudando sobre si quedarme por la zona para visitar una tienda de deportes en la que suelen haber camisas de fútbol en oferta o marcharme, así que lo dejé en manos del destino. Si la guagua estaba cerca la cogía y si no seguiría por la zona. Cuando giré la esquina vi que la guagua estaba precisamente allí, con la puerta abierta, así que di una breve carrera y subí de un salto.
Estaba pasando el bonoguagua por la máquina para pagar mi viaje cuando me doy cuenta de que el conductor está murmurándome algo. Cuando miro para él y le pregunto educadamente qué desea, me contesta que tengo que pedir permiso para subir a la guagua. Ya estábamos otra vez. ¿Que tengo que pedir permiso? ¿Desde cuando? Según parece, la parada no estaba realmente allí sino unos metros más atrás, y la guagua estaba en la esquina detenida en un semáforo.
¿Pero entonces por qué tenía la puerta abierta? Allí comenzó otro diálogo de besugos. El seguía repitiendo que no tenía derecho a subir porque no era una parada y yo argumentaba que él no estaba autorizado a circular con la puerta abierta por mucho calor que hiciera, por lo que era el responsable de la situación. Finalmente, como vi de nuevo que no llegaría a ninguna parte, me fui a sentar lejos del conductor soltándole:
Usted no tiene derecho a circular con la puerta abierta; si lo hace ya sabe lo que hay.
No es que yo sepa “qué es lo que hay” pero seguro que él sí que sabía perfectamente la sanción que puede caerle por circular con la puerta abierta, ya que no la volvió a abrir fuera de una parada en todo el recorrido. Lo más curioso de la situación es que, después de mis desventuras con la guagua 518, ésta era nada menos que la 519. ¿Cuándo se cruzará en mi camino la 520?
Pero aquí no acaba la historia. Tras bajar de la guagua me dirigí al lugar de trabajo de mi madre para saludarla, ya que queda cerca de la tienda que iba a visitar. Entonces, en una calle solitaria, veo como un tipo con pinta de andar drogado camina rápidamente en mi dirección gritando a pleno pulmón y gesticulando:
¡¡¡SOCIAAAAAAAAAAAAA!!!
¡¡¡SOCIAAAAAAAAAAAAA!!!
¡¡¡YO YA ME VOOOOOOOY!!!
¡¡¡TE BUSCASTE LA RUINA CONMIGO SOCIA!!!
No me enteré de quién era su “socia” pero yo estaba justo en medio de los dos. Afortunadamente mi ruta era perpendicular a la suya, por lo que seguí caminando haciendo como que no me enteraba del tema. Cuando me salí de su camino no tuve más problemas; lo último que faltaba era ponerme a discutir con un drogadicto en mitad de la calle. En otra ocasión ya tuve una discusión de tres cuartos de hora sobre teología con un drogadicto que intentó robarme, y sólo por que le dije:
No llevo nada, palabrita del Niño Jesús
Por suerte, como digo, esta vez me escapé de otra conversación de besugos. Y por suerte también, aquí termino esta hora negra. Lo que no me pase a mí…

Bueno, podría haber sido peor. Podría haberte violado la taruga de El Corte Inglés, por ejemplo }:-)
Esta semana vamos tú y yo a comprar el trípode con la pieza en el bolsillo para sacarla de forma teatral (la pieza (de los prismáticos, coño)) en el momento en que diga que es imposible que la tengamos }:-)
Y sácale una foto del careto que se le queda a la tipa con tu Nikon jejeje
Eso está hecho.
"...Ya estábamos otra vez. ¿Que tengo que pedir permiso? ¿Desde cuando? Según parece, la parada no estaba realmente allí sino unos metros más atrás, y la guagua estaba en la esquina detenida en un semáforo.
¿Pero entonces por qué tenía la puerta abierta?..."
Hombre, ahí tenia razón el conductor. Las guaguas no tienen aire acondicionado y en una ciudad, en verano con tanto dioxido de carbono, te afixias por eso llevan las puertas abiertas. No es sólo por el bienestar del conductor sino de los demás pasajeros.
Aunque el servicio de las guaguas municipales no me agrada mucho, hay cosas peores como el servicio de Global del centro de la isla donde hay cada sheriff...
Una guagua no puede circular con la puerta abierta, es peligroso para los pasajeros. La seguridad está por encima de las posibles incomodidades causadas por el calor o lo que sea.