Anoche me sorprendí sintiéndome bastante triste, pero la sorpresa no duró mucho porque no tardé en reconocer los síntomas. Era uno de los habituales ataques de tristeza que me dan justo cuando voy a emprender un viaje, en este caso uno a Seattle para asistir a una conferencia. El próximo viernes día 15 de semptiembre saldré hacia allí, donde permaneceré casi una semana para regresar el jueves día 21 (y aterrizar en España el día 22 debido a los cambios horarios). Una auténtica paliza de viaje, pero no es ese el motivo de mi tristeza.

Creo que ya he comentado en alguna ocasión que estos ataques de tristeza se originan en la época en la que hacia el doctorado en Barcelona. En aquella época, emprender un viaje desde Las Palmas de Gran Canaria solía significar un periodo de bastante tiempo lejos de mi casa, ya que prácticamente vivía en Barcelona.

Yo no quería estar en Barcelona, quería quedarme en Gran Canaria y por eso me entraba un ataque de tristeza cada vez que me tenía que marchar, lo cual sucedía con frecuencia. Aunque ya hace más de un año que terminé el doctorado, se ve que mi subconsciente sigue traicionándome y generando estos ataques de tristeza antes de cada viaje.

En esos momentos, renunciaría a cualquier viaje con tal de quedarme sentado en mi casa. Simplemente quedarme sentado en mi casa. Ya sé que suena estúpido, pero el subconsciente es lo que tiene. Sin embargo, también sé que luego me arrepentiría de no ir, a fin de cuentas sólo es una semana y voy a tener la oportunidad de ver muchas cosas.

No me queda más remedio que seguir luchando contra estos ataques de tristeza y confiar en que, algún día, desaparecerán.