Una rayita para el coche
El día antes de marcharme a Seattle fui a un centro comercial a comprarme una maleta (sí, esa que luego me perdieron). Bajé al aparcamiento subterráneo y me dispuse a dejar allí el coche como suelo hacer cuando visito ese centro comercial.
Al aparcar me dio la impresión de que había dejado el coche demasiado separado de la columna que tenía justo a mi izquierda y, por tanto, podría estar invadiendo la plaza de la derecha. Por tanto, maniobré rápidamente para sacar el coche y volverlo a aparcar algo más a la izquierda.
Entonces se oyó un crujido que no solo me puso los pelos de punta a mí, sino también a mi madre y a su amiga que nos acompañaba, así como al resto de personas que estaban por las proximidades y que se me quedaron mirando con cara de “pobrecito”. Y lo peor es que no tenía ni idea de qué era lo que había pasado.
Volví a maniobrar con el coche y lo aparqué tan separado de la columna como pude. Entonces salí y comprobé lo que había pasado. En la columna había una tubería de desagüe de a saber qué cosa. Pero yo había visto la tubería y no la había tocado. ¿Entonces? Pues resulta que a alguna luminaria se le ocurrió rodear la tubería con una especie de pequeña valla metálica, supongo que para que los coches no la golpearan. La vallita en cuestión no llegaba a los 20 centímetros de alto y era, por tanto, imposible que la viera por el retrovisor.
La presencia de esta valla me parece una chorrada, nadie va a pegarse tanto a la columna como para arrancar la tubería y, de paso destrozar un lateral de su coche. Pero en cualquier caso ¿qué les hubiera costado poner una valla más alta o avisarlo de alguna manera? Ah, claro, les hubiera costado dinero.
En fin, ahora tengo una magnífica ralla de un palmo de largo en la puerta del conductor. Supongo que podré disimularla, pero el apretón de la chapa seguirá notándose por los siglos de los siglos, añadiéndose a la lista constituida por el roce que me hizo un todoterreno por el lado contrario y el golpe en el capó de cuando se me fue la pistola de agua a presión lavando el coche.
Si es que el dichoso viaje comenzó gafado.

adastra dijo
Piensa que la rayuela esa dota a tu coche de personalidad. Me fijaré bien este domingo en el enyesque }:-)
28 Septiembre 2006 | 01:41 PM