Mi primer blog trataba sobre mis historias y las de mis compañeros en el juego World of Warcraft. Mi personaje era un guerrero humano, miembro de la Alianza, una facción formada por las razas tradicionalmente consideradas buenas: humanos, elfos, enanos y gnomos. El nombre de mi personaje era Khondor y fue así cómo se me ocurrió el nombre de este blog.
El principal objetivo de la existencia de Khondor era jugar al rol, pero nunca se llegó a cumplir del todo. ¿El motivo? Estábamos jugando en un servidor inglés y yo no soy capaz de jugar al rol en inglés porque no domino ni el vocabulario ni las estructuras gramaticales necesarias. Por eso vi los cielos abiertos cuando Blizzard anunció la apertura de servidores españoles.
Sin embargo, pronto nos llevamos una decepción. No se iban a abrir servidores específicamente orientados al rol, tan solo servidores de juego normal o de juego jugador contra jugador. No es que los servidores de rol presenten características especiales, es simplemente que en ellos rigen unas normas estrictas (que luego se cumplen o no) para facilitar que los jugadores se sumerjan en un universo de fantasía. En resumen, que está prohibido que la gente hable sobre el último partido de fútbol en los canales comunes o que llamen a sus personajes con un nombre derivado de la estrella de cine de moda.
A mí y a mi grupo de amigos nos quedaron dos alternativas: permanecer en un servidor de rol inglés en el que roleábamos bien poco debido al idioma o migrar nuestros personajes a un servidor que no era de rol pero en el que se hablaba español. Después de mucho discutirlo decidimos migrar, ya que no tenía sentido permanecer en un servidor de rol sin rolear.
En el nuevo servidor jugué dos veces. Esto fue debido a dos causas separadas. Por un lado, el ambiente: nombres estúpidos de personajes, gente hablando de cualquier cosa menos del juego… conocí a gente muy agradable, pero ese no es mi concepto del juego, me sentía muy incómodo. La segunda causa, quizá la más decisiva, fue el anuncio por parte de Blizzard de la apertura de un servidor de rol. Una broma cruel, porque no se permitía migrar personajes a ese servidor (por mucho que lo justificaron, por activa y por pasiva, siempre he considerado esa decisión una cacicada) y había que empezar de cero.
En este juego puedes tardar seis meses perfectamente en conseguir que tu personaje llegue al máximo nivel. Sin embargo, después de meditarlo, decidí aceptar el sacrificio para poder por fin jugar al rol en español, pues no le veía sentido a tener un personaje de máximo nivel en un servidor en el que me siento incómodo. Varios de mis amigos coincidieron en mi punto de vista y crearon nuevos personajes en el servidor de rol español, llamado Los Errantes.
A la hora de crear el nuevo personaje, he de decir que me hacía ilusión jugar en la facción contraria a la Alianza: la Horda. Esta facción está formada por razas consideradas tradicionalmente como malvadas (orcos, trols, no muertos y tauren) pero que en el universo de World of Warcraft tienen un trasfondo distinto, especialmente en el caso de los orcos y los tauren, con un marcado sentido del honor y con motivaciones justas. Por este motivo, el segundo Khondor fue un chamán orco de la Horda.
Una vez más, mis ilusiones se fueron al garete. Hay una verdad bien conocida en el World of Warcraft: la mayoría de los jugadores prefiere la Alianza y, en concreto, razas de buen ver como los humanos y los elfos. Los enanos y gnomos son menos numerosos y las razas de la Horda menos aún. Este principio también se cumple en los servidores de rol y es muy duro para un servidor que acaba de crearse y está, por tanto, poco poblado (los servidores de rol se pueblan más lentamente que los otros porque la gran mayoría de jugadores pasa del tema). Por poner un ejemplo, en un momento dado podía haber más de 30 personas en una ciudad de la Alianza y menos de 5 en una de la Horda.
Esta proporción también se aplica a los jugadores de rol y puede que la diferencia sea todavía más abrumadora, pues es mucho más cómodo rolear con un humano, un elfo o un enano que con un orco. Aún así, me integré en una hermandad rolera, La Cancillería de la Horda, en la que hicimos lo posible por instaurar algo de rol en nuestra facción.
Poco a poco, todos nos fuimos quemando. Había muy poca gente y la que había pasaba mayoritariamente del rol. Organizamos eventos y casi nadie asistía. Pronto quedamos reducidos a un pequeño grupo que, finalmente, lo estaba pasando mal. Me integré lo más que pude y no me arrepiento porque he conocido a muy buena gente con la que espero seguir encontrándome en el juego. Pero tanta integración me empezó a pasar factura: me costaba dormir buscando soluciones al problema, en el trabajo andaba despistado planificando cosas que luego no funcionarían por falta de gente. En lugar de divertirme con el juego había llegado a un estado en el que me sentía responsable de tratar de solucionar la situación.
Quizá lo peor de todo es que éramos conscientes de que el problema era la Horda. La gente era buena y las ideas eran buenas. Fracasábamos una y otra vez por la escasez de gente. Es probable que lo que más daño me estuviera haciendo fuera saber que, si estuviéramos en la Alianza, nuestro proyecto rolero hubiera salido adelante. Pasé muchos días dándole vueltas a esta situación y acabé llegando a una conclusión inevitable: tenía que ponerle fin. El objetivo del juego es divertirme, escapar durante un rato a las obligaciones y responsabilidades de la vida real. En ningún momento debía haberse convertido en un nuevo conjunto de obligaciones y responsabilidades.
Por tanto, y con mucho pesar por mi parte, decidí abandonar la Horda apenas un mes después de ingresar en ella. Ayer me despedí dentro del juego, borré mi personaje y cree un nuevo personaje en la Alianza, un enano sacerdote, al que le puse una vez más el nombre de Khondor. Podría haber elegido otro, pero me pareció importante repetirlo para que la gente que ya me conozca pueda identificarme con facilidad, aparte de que ya me tomo como algo personal que un personaje llamado Khondor tenga éxito. Así pues, el tercer cóndor había nacido.
De nuevo, varios de mis amigos han hecho lo mismo que yo, sólo que ésta vez se anticiparon a mi movimiento y ya me estaban esperando en la Alianza, pues comprendieron antes que yo que la situación de la Horda terminaría de esta manera. Espero que, por fin, haya terminado este peregrinaje (ya había probado varios servidores y modos de juego antes de crear al primer Khondor). Pero, sobre todo, espero empezar a divertirme otra vez, roleando y jugando a este gran juego que es el World of Warcraft.
Un último apunte: no he abandonado el proyecto de la Cancillería. Varias personas de la hermandad han pasado por lo mismo que yo y han tomado la misma decisión que yo he tomado. Estamos convencidos de que este proyecto puede funcionar en la Alianza y estamos hablando sobre la posibilidad de ponerlo en marcha. Ya sé que puede parecer que si hago eso me estaría llevando los problemas de la Horda a la Alianza, pero la gran diferencia está en la cantidad de gente. Es como intentar montar un club social en un pueblo remoto en medio de las montañas o en una gran ciudad. En este segundo caso, sería necesaria mucha menos implicación para que la cosa funcionara. Pero, de todas formas, estaré atento, no vaya a ser que caiga de nuevo en la trampa de convertir el juego en un segundo trabajo. A fin de cuentas se trata de eso, de un juego.

Como te vea meterte en un clan de la Alianza te retiro la palabra (en el juego, claro, jojojo) }:-)
Bueno, yo coincido en la impresión general de que se rolea mucho más en la Alianza que en la Horda. No tendría que ser así, ya que la Horda tiene mucho trasfondo, pero...
A ver si nos asentamos de una reputísima vez :D
Coño, yo quiero entrar en un clan de la Alianza :_(
Lo que no haré será volverme a meter a oficial jejeje...