¡Atención! Esta historia contiene detalles del argumento

Este libro es en realidad un compendio de cuatro libros presentados como edición de coleccionista. Más de 1400 páginas que he tardado casi dos meses en leer. La mitad de ellas las leí durante la semana de mi viaje a Seattle, pero desde que regresé a casa mi ritmo de lectura se ha visto reducido drásticamente debido al exceso de trabajo.
Se trata de cuatro novelas de R. A. Salvatore que tratan sobre su popular personaje Drizzt Do’Urden y sus compañeros y enemigos. Creo que El Valle del Viento Helado, la trilogía en la que Drizzt hizo su primera aparición, fue mi primera lectura del género de la fantasía épica, habiendo marcado en parte mi concepto de cómo debe ser un universo fantástico. No es de extrañar, por tanto, que me sienta muy cómodo leyendo un nuevo libro de estos personajes tan familiares para mí.
Sin embargo, no voy a cantar precisamente maravillas de estos cuatro libros. Mientras que otros libros de Drizzt Do’Urden me encantan, estos cuatro no me parecen más que nuevos episodios de la saga, una continuación sin nada especial. Supongo que los han juntado por criterios cronológicos, ya que no tienen mucho en común aparte de que cada uno transcurre después del siguiente. Y además, los protagonistas son distintos. Mientras el primero (El Estigma de Errtu) y el cuarto (El Mar de las Espadas) están protagonizados por el grupo de héroes completo, el segundo (La Columna del Mundo) está protagonizado sólo por Wulfgar el bárbaro y el tercero (El Siervo de la Piedra) sólo por Artemis Entreri, el archienemigo de Drizzt.
De hecho, es curioso que sea éste último el libro que más me ha gustado de los cuatro. Es quizá el más novedoso, presentando el punto de vista del que hasta ahora siempre ha sido el malo de los libros. No es que las cosas que hace no sean malvadas o crueles desde su punto de vista, es simplemente que lo sabe y lo acepta. Un libro protagonizado por un asesino egoísta y despiadado es, sin duda, algo novedoso, mientras que los otros libros tienden a recurrir a repetir patrones ya conocidos.
Wulfgar ha estado preso en el infierno durante años, siendo torturado por demonios, y ahora el recuerdo de esas torturas le alejan de sus amigos. Esa idea es machacada una y otra vez, una y otra vez, hasta que resulta cansina. Al final, cuando en el cuarto libro se reúne con sus compañeros, ya estás tan cansado de leerte sus traumas que casi te da igual lo que haga. De hecho, se crea un trauma para luego borrarlo prácticamente por completo, disfrazando este borrado de superación.
Crear una trama para luego deshacerla carece un tanto de sentido, ya que la deja vacía y causa frustración en un lector que ha recorrido varios libros para regresar a donde empezó todo. Es algo que sucede más de una vez en estos libros. Por ejemplo, Wufgar para un tiempo en una taberna donde, debido a sus trastornos, trata mal a la gente y tiene que marcharse. Luego vuelve, lo arregla todo y se casa con una mujer a la que había traído por el camino de la amargura, pero con la que ahora convive felizmente. Otro ejemplo es la pérdida del martillo de batalla de Wulfgar, el poderoso Aegis-Fang, que más adelante es recuperado por sus compañeros. Hay varios círculos de este tipo en los que algo sucede y luego se deshace. Cuando tienes la impresión de que cualquier cosa mala se solucionará después, porque siempre es así, pierdes las ganas de leer.
También está el asunto de La Piedra de Cristal, un poderoso artefacto mágico con personalidad propia que ya aparecía en el primer libro de Drizzt. Este artefacto manipula a su portador para que haga su voluntad, algo que también se torna cansino cuando se ha repetido libro tras libro. Por suerte, Entreri destruye la Piedra en el tercer libro, con lo que espero que no se vuelva a recurrir nunca a este recurso para justificar una aventura.
Puede que el mayor despropósito sea la aparición de un personaje en el cuarto libro, un elfo, que persigue a Drizzt para matarlo. No se da ningún tipo de justificación para esto hasta las últimas páginas del libro. Quizá la intención era crear algo de suspense, pero no se consigue en absoluto, especialmente porque se oculta que el elfo es en realidad una elfa hasta el último momento. Sabiendo que era una elfa, los lectores podrían haber atado cabos con un personaje que apareció tiempo atrás, una niña elfa que pensaba erróneamente que Drizzt había matado a su madre, cuando en realidad le había salvado la vida a ella. Sin embargo, cuando no tienes ningún dato disponible es imposible hacer conjeturas, y este personaje misterioso que quiere matar a Drizzt se convierte en un cascarón vacío sin personalidad ni propósitos claros. Como si no hubieran aparecido tipos que pretenden matar a Drizzt a lo largo de la historia y como si no hubieran fallado todos una y otra vez. En este sentido, las intenciones de este personaje de matar a Drizzt carecen completamente de interés para el lector, porque sabe que no lo conseguirá. De hecho, consigue causarle una herida mortal sacrificando su propia vida, pero luego sus amigos lo salvan con una poción que oportunamente acababan de conseguir.
En resumen, quizá la palabra “cansino” sea el adjetivo que mejor describe la mayor parte de estos cuatro libros en los que varios personajes distintos recorren sus sendas particulares a través de las tinieblas de su alma. Confío en que la cosa remonte en la siguiente y más reciente trilogía de estos personajes, Las Espadas del Cazador, que compraré dentro de poco.

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