Todos los años, a mediados de noviembre, los aficionados a la astronomía pueden disfrutar de las Leónidas, una lluvia de estrellas fugaces que recibe este nombre porque los meteoros parecen provenir de la constelación de Leo. Las Leónidas se producen cuando nuestro planeta cruza la estela del cometa Tempel-Tuttle, aproximadamente en torno al 17 de noviembre, aunque el momento de máxima actividad varía de año en año.

Este año, la máxima actividad se espera para las cinco menos cuarto de la mañana del domingo 19 de noviembre, con una media de entre 100 y 150 meteoros por hora. Aparte de la ventaja de producirse la madrugada de un sábado al domingo, este año tiene como característica adicional que coincide con la luna nueva, por lo que promete ser una de las lluvias de meteoros más espectaculares de los últimos años. Puedes encontrar más información al respecto en el Proyecto de Observación Leónidas.

Estoy planeando, junto con varios amigos, subir a las cumbres de Gran Canaria para observar el cielo y contemplar de paso la lluvia de meteoros. Sin embargo, no iremos en el momento de máxima actividad porque es una hora muy mala: teniendo en cuenta el tiempo que tardaremos en llegar al lugar y prepararlo todo, no nos daría tiempo de dormir antes de ir, por lo que acabaríamos por estar hechos polvo todo el domingo.

De todas formas, aunque no vayamos durante la hora de máxima actividad seguiremos estando en la noche de máxima actividad. He estado comprobando la posición de las estrellas usando el Stellarium y he comprobado que la constelación de Leo saldrá por el este aproximadamente a las doce de la noche (junto con el planeta Saturno, por cierto). Leo no sobrepasará completamente el horizonte hasta pasadas las dos de la mañana, hora a la que probablemente ya nos hayamos marchado, pero confío en que eso no sea problema si localizamos un buen lugar de observación con el horizonte este despejado.

Ahora bien, este no es el mayor de nuestros problemas. Durante toda la semana hemos sufrido una desagradable calima que ha llenado la atmósfera de polvo en suspensión y ha elevado las temperaturas por encima de los treinta grados en algunos momentos. Esto de por sí destrozaría cualquier posibilidad de ver otra cosa que las estrellas más brillantes, algo que ya sabemos por experiencia.

La buena noticia es que hoy ha empezado a llover con fuerza, limpiando el aire. De hecho, cuando empezó a llover caían chorretones de agua marrón de los limpiaparabrisas de mi coche a medida que se iba limpiando el cristal de la porquería acumulada en los últimos días. La mala noticia, claro, es que el cielo esta encapotado. Sólo nos queda confiar en que se despeje de aquí a la noche del sábado al domingo para permitirnos ver el cielo. Y en que no vuelva la calima, claro.