No hace tanto tiempo, la visita de Melchor, Gaspar y Baltasar llenaba de ilusión las calles de las ciudades. La Biblia nunca dijo que los Reyes Magos fueran tres o que fueran reyes. Ni siquiera se especifican sus nombres, aunque estos ya aparezcan en un mosaico del siglo VI en una iglesia italiana. Pero para los niños, su visita es el momento más especial del año.
La ilusión sigue inundando las calles la víspera del día de Reyes, cuando los niños van a ver la cabalgata. Siempre me ha resultado curiosa la predilección de la gente de mi ciudad por Baltasar. Los niños saludan a Melchor y Gaspar, pero Baltasar se lleva siempre una ovación. Luego la cabalgata termina y los niños vuelven a casa para esperar los regalos.
¿Y qué ocurre el día de Reyes? Antes se veía desde temprano a los niños en la calle con juguetes, bicicletas, pelotas… pero ahora nada, silencio sepulcral. La gran mayoría de los regalos que los niños reciben hoy en día son para usarlos en casa y son, en concreto, videojuegos. Yo no estoy libre de esta tendencia, ya que muchas veces he cometido el pecado de quedarme en casa jugando al World of Warcraft en lugar de salir a la calle a hacer algo, condicionando incluso mis horarios de todo el día para tener un rato en el que jugar.
Precisamente estuve meditando sobre esto cuando se me estropeó el ordenador y llegué a la conclusión de que tengo que romper esta tendencia. No hablo de dejar el juego, sino de controlar cuándo juego. En líneas generales, si tengo que elegir entre jugar al World of Warcraft y hacer otra cosa, debería elegir la otra cosa. Siempre hay ratos en los que estás cansado o aburrido y no tienes nada que hacer, siendo ese un buen momento para leer o ponerte a jugar a videojuegos.
Tendremos que tener cuidado con esta tendencia, o acabaremos creando una sociedad de gente que se enclaustra en casa y se conecta con los demás a través de internet. Y es una pena, porque hoy brilla el Sol ahí fuera.

Condor, estoy totalmente de acuerdo que la sociedad de hoy ha dejado de ser, eso sociedad, para convertirse en una sociead sin relaciones personales desde temprana edad, estamos haciendo que los niños crezcan aislados, sin amigos y temiendo hablar con extraños y tenerlos encerrados en las casas. Que error, del que no son culpables ellos, los adultos somos los culpables y somos los que hacemos lo que hoy es nuestro jundo, lleno de crimenes y sin tolerancia para nadie.
Saludos