Nunca hubiera dicho el 11 de febrero de 2005, el día que salió a la venta el World of Warcraft y compré la primera caja que vendió El Corte Inglés de mi ciudad, que estaba comprando un juego que me duraría dos años. No es que estuviera haciendo cola ni nada de eso, simplemente pasé a preguntar a la hora del almuerzo y dio la casualidad de que abrían la caja en ese momento.

Durante algunos periodos he jugado poco y durante otros he jugado mucho. Pero el caso es que he seguido jugando. Y lo que me queda. Hoy salía a la venta la primera expansión del World of Warcraft: La Cruzada Ardiente. Como no podía ser de otra manera, me la he comprado. Incluso he encontrado un hueco entre todo el trabajo que tengo para crearme un paladín draenei. No es que tenga mucho tiempo de jugar con él, pero así evité que la idea me estuviera reconcomiendo toda la tarde.

Reconozco que he estado muy viciado a este juego en algunos momentos, pero ahora tengo el vicio más o menos controlado. Más o menos. La regla de oro es "si hay cualquier otra cosa que te apetezca hacer, no juegues al World of Warcraft". Hay quien es aficionado al fútbol y está todo el día leyendo los diarios deportivos en internet. Yo soy aficionado al World of Warcraft, que le vamos a hacer, pero prefiero jugar a algo que sentarme a ver como juegan otros.