La Coctelera

El Vuelo del Cóndor

La pluma es más poderosa que la espada

18 Enero 2007

Dobles películas

El fenómeno de la película doble acaba de repetirse recientemente con dos películas sobre magos del siglo XIX: la maravillosa The Prestige y la terriblemente desastrosa El Ilusionista.

Este tipo de dobles películas no es nada nuevo. Por ejemplo, cuando salíamos de ver The Prestige en el cine, un amigo me recordó que poco antes de estrenar La Momia (The Mummy), una película simplemente pasable aunque graciosa, se estrenó La Sombra del Faraón (Tale of the Mummy), una de las peores películas que he visto nunca, hasta el punto en el que me dio un ataque de risa histérica cuando una venda sale de un retrete, captura a un tipo y se lo lleva por las cañerías.

¿Por qué pasa esto? Se me ocurren varios motivos. Quizá hay una filtración, un estudio descubre el proyecto de otro y trata de competir a toda prisa inventándose un rollo desastroso sin pies ni cabeza. En estos casos, la película mala suele estrenarse primero (tiene toda la pinta de ser lo que pasó con La Sombra del Faraón y puede que con El Ilusionista) y el gran perjudicado es el espectador, que va muy ilusionado al cine y sale echando pestes.

Otra posibilidad es que un guionista trate de vender una idea a un estudio donde la evalúen, trabajen sobre ella y, finalmente, le den puerta para hacerla a su manera. Este tipo de puñaladas traperas son muy frecuentes en el mundo del cine. Claro, el guionista en cuestión podría no rendirse e ir a otro estudio, volverlo a intentar y, si tiene éxito, ya tenemos dos películas con el mismo tema.

Y claro, siempre tenemos que considerar la falta de imaginación de la industria del cine actual, en la que rara vez vemos algo nuevo. Menos mal que a veces aparece un Christopher Nolan con películas como The Prestige.

En cualquier caso, esto ha pasado repetidamente. Por ejemplo, tuvimos dos películas de volcanes en 1997 cuando se estrenaron Volcano y Dante’s Peak. También tuvimos dos películas de colisiones de asteroides contra nuestro planeta en 1998 con Armageddon y Deep Impact. Y volverá a pasar, no me cabe la menor duda. ¿Qué será lo próximo?

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18 Enero 2007

Desafición al fútbol

Después de publicar mi último artículo sobre la expansión del World of Warcraft, me quedé pensando en la frase con la que terminé: “prefiero jugar a algo que sentarme a ver como juegan otros”.

La verdad es que mi afición al fútbol ha decaído bastante en los últimos años. Cuando estudiaba solía poner la radio para oír los partidos (siempre el Carrusel de la Ser) mientras preparaba apuntes o hacía ejercicios, pero cuando terminé la carrera y me fui a hacer el doctorado a Barcelona dejé de hacerlo.

Nunca había visto demasiado fútbol por la tele, pero poco a poco fui dejando de hacerlo del todo. Hoy ya casi nunca pongo un partido. De hecho, no sé ni quién va líder en la liga española. Apenas le hago algo de caso a la Copa de Europa. Quizá es que me cansé de tener discusiones con la gente de los equipos contrarios o de ver como algunos jaleaban las derrotas de mi equipo.

Pero lo más chocante es que siempre fui aficionado al equipo de mi ciudad, la Unión Deportiva Las Palmas. Estuve abonado durante ocho años, incluso viviendo en Barcelona, hasta que el equipo abandonó el vetusto pero entrañable Estadio Insular (que está cerca de mi casa y puedo ver desde el balcón) y se mudó a otro estadio, en las afueras, al que cuesta muchísimo llegar debido al tráfico de los días de partido. Solo duré un año yendo al nuevo estadio

La cuestión es que primero dejé de ir al estadio; luego dejé de ver los partidos por la tele o escucharlos por la radio. Luego dejé de mirar los resultados en los periódicos. Y luego dejé de preocuparme. Desastres deportivos, desastres financieros… todo eso va desanimándole a uno.

Y luego pasa lo que me pasó el fin de semana pasado. Alguien me preguntó cómo quedó la U.D. y yo contesté “perdieron”. La clave es el tiempo verbal. Dije “perdieron” en lugar de “perdimos”. Sí, en este aspecto, he cambiado mucho desde la época en que iba al Estadio Insular cada dos semanas… aunque es una de esas cosas que nunca se olvidan…

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16 Enero 2007

Y llegó la Cruzada Ardiente

Nunca hubiera dicho el 11 de febrero de 2005, el día que salió a la venta el World of Warcraft y compré la primera caja que vendió El Corte Inglés de mi ciudad, que estaba comprando un juego que me duraría dos años. No es que estuviera haciendo cola ni nada de eso, simplemente pasé a preguntar a la hora del almuerzo y dio la casualidad de que abrían la caja en ese momento.

Durante algunos periodos he jugado poco y durante otros he jugado mucho. Pero el caso es que he seguido jugando. Y lo que me queda. Hoy salía a la venta la primera expansión del World of Warcraft: La Cruzada Ardiente. Como no podía ser de otra manera, me la he comprado. Incluso he encontrado un hueco entre todo el trabajo que tengo para crearme un paladín draenei. No es que tenga mucho tiempo de jugar con él, pero así evité que la idea me estuviera reconcomiendo toda la tarde.

Reconozco que he estado muy viciado a este juego en algunos momentos, pero ahora tengo el vicio más o menos controlado. Más o menos. La regla de oro es "si hay cualquier otra cosa que te apetezca hacer, no juegues al World of Warcraft". Hay quien es aficionado al fútbol y está todo el día leyendo los diarios deportivos en internet. Yo soy aficionado al World of Warcraft, que le vamos a hacer, pero prefiero jugar a algo que sentarme a ver como juegan otros.

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15 Enero 2007

El Truco Final (The Prestige)

Después de grandes chascos como El Ilusionista o Banderas de Nuestros Padres, fui a ver esta película con gran resquemor, casi temiéndome que iba a tirar el dinero a la basura. Me equivoqué radicalmente. Puedo decir que he disfrutado mucho viendo la película. De hecho, salí discutiendo muchos aspectos de ella con los amigos con los que fui al cine y no paramos en un buen rato.

Donde Banderas de Nuestros Padres organiza un terrorífico desastre al trocear la historia y desordenarla cronológicamente, Christopher Nolan ha hecho un trabajo extraordinario haciendo exactamente lo mismo, pero haciéndolo bien. Los continuos cambios y regresiones en la línea temporal se realizan de forma magistral, no me perdí ni un detalle, hasta el punto que anticipé el final de la película con bastantes minutos de adelanto.

La historia es tan absorbente que ni siquiera pensé demasiado en que tenía a Lobezno, Batman y su mayordomo en una misma película. Aunque el nivel general es alto, Hugh Jackman y Michael Caine está increíbles, casi reduciendo a un correctísimo Christian Bale al papel de secundario.

Tan solo me pregunto por qué habrán traducido “The Prestige” como “El Truco Final”, aunque como comentaba con mis amigos, quizá tenga que ver con el naufragio de cierto petrolero. En definitiva, que si yo fuera Isra quizá le hubiera dado una nota de 7 sobre 7. Ahora paso a despellejar el final, no puedo contenerme.

¡Atención! A continuación hay detalles del argumento

Hay que decir que la película es fantástica. Pero dentro de este trasfondo fantástico nos cuenta la historia del odio entre dos personas y, sobre todo, la historia de una obsesión: como una persona es capaz de realizar crueldades increíbles por superar a otra tan solo para darse cuenta al final de que todo era innecesario porque ya hacía mucho tiempo que lo había superado.

La máquina de Tesla para copiar/transportar materia no es algo puramente inventado. Hay teorías al respecto y lo cierto es que el gobierno estadounidense guarda celosamente toda la documentación que Tesla dejó a su muerte. Quizá un día sea realmente posible teletransportar personas (se ha teorizado algo así a nivel atómico, pero no estoy seguro de si se ha conseguido).

Pero la pregunta que siempre me he hecho es: ¿realmente te teletransportas o eres desintegrado y aparece una copia exacta de ti en otra parte? Si esto fuera así… ¿cuántas veces habrían muerto ya los protagonistas de Star Trek? Y podemos hacer preguntas más profundas todavía. ¿Realmente importa si el que aparece al otro lado eres tú o una copia? ¿Una copia exacta de ti eres tú?

Esta es precisamente la pregunta que se plantea (y no se contesta) al final de la película, solo que el resultado del funcionamiento de la máquina tenía como resultado dos personas. ¿Cuál era el original? ¿La máquina mantenía al original en su sitio y lo copiaba a cierta distancia? ¿O lo teletransportaba dejando una copia detrás? Estuvimos rompiéndonos la cabeza con esto mucho tiempo al salir del cine, pero no hay forma de saber la respuesta. De hecho, el personaje de Hugh Jackman estaba atormentado con esta pregunta, pues no sabía si moriría él o moriría su copia.

Un asunto más prosaico que también nos trajo de cabeza a la salida del cine fue la paternidad de la niña. Christian Bale se interpretaba tanto a si mismo como a su hermano gemelo, pero nadie sabía que eran dos y se iban intercambiando para mejorar los trucos (eso sí que es sacrificio por su arte). Solo uno de los dos estaba enamorado de la mujer con la que el individuo único al que interpretaban ambos estaba casado.

La cuestión es que unas noches estaba uno con su mujer y otras noches estaba el otro, con lo cual no hay forma de saber quién es el padre de la niña. Uno de mis amigos sostenía que el que no estaba enamorado de ella nunca habría practicado el sexo porque sería una traición a su hermano, pero este razonamiento me parece menos probable que el del teletransporte. Igual es que soy un malpensado… pero es que de otra forma habrían levantado sospechas y la mujer se habría dado cuenta del engaño mucho antes.

Menudo rollo que he soltado jeje, supongo que eso demuestra que me ha gustado la película…

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12 Enero 2007

Atardeceres gloriosos… mientras trabajo

Termino esta semana tremendamente cansado. He pasado una cantidad de tiempo exagerada trabajando en preparar mis clases (y dándolas claro) y la presentación de la prueba a las que me presento dentro de apenas diez días, aparte de ir al centro de rehabilitación debido a mi lesión de rodilla. Sin embargo, estoy contento porque veo que el final de este periodo de estrés está cada vez más cerca.

Precisamente hace un par de días, al atardecer, me asomé a la ventana para relajarme un poco mientras trabajaba y me quedé asombrado al ver el cielo. Glorioso es la única palabra que se me ocurre para describirlo. Me entraron unas ganas locas de salir a dar una vuelta (me tuve que contener, había trabajo que hacer) y de tener una cámara de fotos en mis manos. Tendré que pedirle consejo a mi amigo Pablo

Y precisamente porque me acordé de Pablo le mandé un mensaje al móvil diciendo, más o menos, mira para arriba y saca una foto. No tardé en descubrir que eso es exactamente lo que estaba haciendo en ese mismo momento, y no me extraña. Aquí le fusilo un trozo de foto que da una idea de lo que podía verse desde mi ventana, aunque no refleja toda la profundidad y el contraste de colores del momento concreto en el que me asomé a la ventana, uno de esos momentos que dura apenas un minuto.

Al día siguiente se reveló una de las causas de un atardecer tan espectacular: un temporal de fuertes vientos que, aunque breve, causó algunos problemas en varios lugares de mi ciudad. Algunas rachas eran tan potentes que llegaban incluso a alterar levemente la trayectoria de mi coche mientras subía a la universidad.

Por suerte, el temporal pasó pronto y ahora el tiempo está tranquilo. Todavía tengo trabajo que hacer, pero es tarde, me voy a dar una vuelta… mañana será otro día…

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8 Enero 2007

Banderas de Nuestros Padres

¡Atención! Esta historia contiene detalles del argumento

Esta película... bueno, ya empiezo mal porque esto de película no tiene nada. Más bien es un conjunto de imágenes ordenadas de forma aparentemente aleatoria y con algo de música de fondo. Parece un intento frustrado de documental, pero que no se acerca en nada a la calidad del más aburrido documental de marsopas de los que ponen a la hora de comer.

Comienzo de nuevo. Esta desgracia trata de contar la historia de la famosa foto de los marines estadounidenses levantando una bandera durante la batalla de Iwo Jima, en la Segunda Guerra Mundial. La historia en sí es absolutamente miserable y dudo que mereciera ser contada: cómo se dio el título de héroe a unas personas que levantaron un palo y se las usó para recolectar dinero de cara a mantener la guerra.

Tal y como se presenta, la batalla es un desastre táctico. Siempre que he jugado a algún juego de estrategia como, el mítico Starcraft, he hecho lo posible por reservar mis tropas. Me reventaba perder un solo soldado si podía evitarlo, siempre procuraba atacar en superioridad, con la victoria asegurada. Ya sé que es una simplificación comparar Iwo Jima con Starcraft, pero la tremenda frivolidad con la que se enviaba a morir a la infantería antes de que la artillería pudiera debilitar al enemigo lo suficiente es impresionante, máxime cuando la guerra se ganaría finalmente con un par de bombas. Supongo que había muchos factores adicionales, como la propia financiación de la guerra, que obligaron a hacerlo de esa manera, pero poco de esto se ve en la película.

En cualquier caso, no creo que Clint Eastwood haya capturado la esencia de los combates de Iwo Jima. Hay muchas escenas en las que los soldados parecen descuidados y corren a descubierto de forma torpe, a pesar de tener a un montón de enemigos cerca. Y desde luego, lo que Eastwood no ha capturado, y casi ha despreciado, es la esencia del combatiente japonés. Los soldados japoneses son presentados como si fueran la fauna autóctona de la isla, unos animales inconscientes que o bien se lanzan de cabeza contra las bayonetas de los marines norteamericanos o bien se suicidan a base de granadas.

Por último, la estructura de la película, o la falta de ella, es un auténtico desastre. Hay varias escenas diferenciadas: el desembarco en Iwo Jima (nada original, una reedición de Salvar al Soldado Ryan, no por nada Dreamworks produce la película), el levantamiento de la bandera, los marines que levantaron la bandera de gira para recaudar fondos, una escena nocturna en la que desaparece el amigo (un tal Iggy) de un protagonista y aparece muerto poco después, una escena en la que mueren algunos de los marines que levantaron la bandera, un tipo en la actualidad (hijo de uno de los protagonistas) recogiendo información para un libro... todas estas escenas se trocearon y se mezclaron de forma aleatoria sin respetar ningún orden cronológico. Al final de la película puedes juntar los pedazos y hacerte una idea de qué trataba de contar la película, pero durante la proyección es casi imposible enterarse de la mitad de las cosas.

Sólo me queda una duda. En la película se ve todo tipo de muertes desagradables, incluyendo lasañas de carne humana en distintos estados de desparrame, algo realmente asqueroso... y sin embargo no se muestra la muerte de Iggy, algo que hicieron los japoneses (de nuevo se les muestra como bestias) y que tuvo traumatizado a su amigo, uno de los protagonistas, durante toda su vida. ¿Qué le pasó a Iggy? ¿Podía ser peor de lo que ya vimos? Difícilmente.

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7 Enero 2007

Myth Cloth: Pandora

Ya que comenté hace un par de días que me había llegado un Caballero del Zodiaco, no me parece que esté de más decir cuál es. Se trata de una de las llamadas Myth Cloth, una serie de figuras mucho más detalladas que las originales de los años 80.

En concreto, hablo de Pandora, la hermana y mano derecha del dios Hades en la tercera parte de la edición original del manga de los Caballeros del Zodiaco, apareciendo también en los episodios del anime que se han estrenado durante los últimos años. Esta figura es una edición limitada que compré en una tienda on-line de Estados Unidos por 59.99$ más gastos de envío, aunque ahora es posible comprarla también en España.

Seguramente es la primera vez que los Reyes Magos me traen una muñeca jejeje… pero con esta figura, tengo todos los muñecos de la serie Myth Cloth editados hasta la fecha. A ver si un día de estos describo mi colección con más detalle…

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7 Enero 2007

Un cambio del día de Reyes

No hace tanto tiempo, la visita de Melchor, Gaspar y Baltasar llenaba de ilusión las calles de las ciudades. La Biblia nunca dijo que los Reyes Magos fueran tres o que fueran reyes. Ni siquiera se especifican sus nombres, aunque estos ya aparezcan en un mosaico del siglo VI en una iglesia italiana. Pero para los niños, su visita es el momento más especial del año.

La ilusión sigue inundando las calles la víspera del día de Reyes, cuando los niños van a ver la cabalgata. Siempre me ha resultado curiosa la predilección de la gente de mi ciudad por Baltasar. Los niños saludan a Melchor y Gaspar, pero Baltasar se lleva siempre una ovación. Luego la cabalgata termina y los niños vuelven a casa para esperar los regalos.

¿Y qué ocurre el día de Reyes? Antes se veía desde temprano a los niños en la calle con juguetes, bicicletas, pelotas… pero ahora nada, silencio sepulcral. La gran mayoría de los regalos que los niños reciben hoy en día son para usarlos en casa y son, en concreto, videojuegos. Yo no estoy libre de esta tendencia, ya que muchas veces he cometido el pecado de quedarme en casa jugando al World of Warcraft en lugar de salir a la calle a hacer algo, condicionando incluso mis horarios de todo el día para tener un rato en el que jugar.

Precisamente estuve meditando sobre esto cuando se me estropeó el ordenador y llegué a la conclusión de que tengo que romper esta tendencia. No hablo de dejar el juego, sino de controlar cuándo juego. En líneas generales, si tengo que elegir entre jugar al World of Warcraft y hacer otra cosa, debería elegir la otra cosa. Siempre hay ratos en los que estás cansado o aburrido y no tienes nada que hacer, siendo ese un buen momento para leer o ponerte a jugar a videojuegos.

Tendremos que tener cuidado con esta tendencia, o acabaremos creando una sociedad de gente que se enclaustra en casa y se conecta con los demás a través de internet. Y es una pena, porque hoy brilla el Sol ahí fuera.

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¡Hola! Mi nombre es Oliver. Soy profesor de informática e investigador en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Éste es el blog en el que escribí desde el 16 de mayo de 2006 hasta el 9 de febrero de 2007. Por el momento he dejado de escribir aquí… aunque quién sabe, quizá vuelva algún día. ¡Gracias por leerme!

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